domingo, 25 de junio de 2017

Luces

Yaces dormida, totalmente ajena a lo que voy a hacer.

El cuarto está oscuro salvo por el brillo de la luna que, gracias a mis acostumbrados ojos, me permite ver bien.
Las sabanas te cubren hasta la cintura, el resto de tu espalda se descubre desnuda ante mis ojos. Disfruto de la imagen, el hermoso y tenue resplandor que la luna logra en tu piel.
 
Me muerdo de manera involuntaria el labio inferior y entregándome a la tentación llevo mi mano hacia el borde  de la sabana, aquella exquisita frontera donde inicia tu espalda, y privilegiando al dedo índice lo apoyo suavemente en el delicado surco de tu espalda.
Comienzo a subir viviendo la tibieza de tu piel, su textura. Te contempló extasiado y el tiempo se detiene mientras la sombra de mi mano te recorre la espalda.
Llego a tu pelo que de forma aleatoria se desparrama ondulado por tus hombros y luego de un último roce separo mi mano.
Para lo que sigue tengo que ponerme más arriba, así que lentamente me acomodo de modo que tu cabeza este más abajo.
Desde este ángulo contemplo tu rostro y todos los conceptos de belleza quedan pobres ante las líneas de tu rostro. El pelo cae en mechones ondulantes por tu frente, como brazos de un río negro.
Veo y grabo en mi memoria cada detalle de tu rostro, tu nariz con el tabique pequeño y recto con su punta levemente hacia la derecha, tus ojos, ahora cerrados, custodiados por unas soberbias pestañas y tu boca entreabierta por donde percibo tu lento respirar propio de cuando estás profundamente dormida. Absorbo cada detalle en una silenciosa adoración.
Acerco mi mano hacia tu cabeza y con el mismo dedo que recorrí tu espalda te toco en la coronilla.
De inmediato surge un pequeño destello de luz que no tarda en crecer. Pronto el cuarto se ilumina y tengo que entrecerrar las ojos para continuar.
Realizo el mismo procedimiento con mi cabeza y otro haz  de luz se proyecta hacia el techo.
Ahora la pieza se encuentra totalmente iluminada por un brillo que vibra de manera imperceptible.
Acercó mi mano izquierda hacia tu cabeza y tomó un poco de aquel resplandor. Se siente como un hormigueo tibio en mi palma. Estoy tentado de ver tu rostro pero sé que aquello no sería agradable en este momento.
Dirijo mi mano derecha hacia mi coronilla y proyectando unas sombras en el techo extraigo un poco de mi propia luz. Aquello me llena de una tristeza profunda, como algo valioso que se perdiera para jamás verlo y que gran parte de mi felicidad se va con eso. Aprieto los dientes y siento que la angustia me hace llorar, por momentos mi visión no es más que nubarrones amarillentos.
Logro recuperarme y llevo tu luz hacia mi cabeza y la mía a la tuya. Y en un solo y rápido movimiento giro las manos volcando su contenido y tapando las coronillas.
La habitación esta nuevamente a oscuras y de inmediato percibo que aquello funcionó.
Un calor diferente me recorre y lo que antes parecía posible hoy es real. La sonrisa me es inevitable. 
Vuelvo a contemplarte y la luz de la luna recorta tus facciones de una manera sutil y hermosa, siento que puedo contemplarte toda mi vida. Experimento una plenitud nueva y buena. Quizás también paz… ya no tendremos un futuro solitario, ahora estamos enamorados, condenados al otro.

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