domingo, 28 de mayo de 2017

Desde mi ventana

Hoy volví a ponerte jazmines  en la puerta de tu casa, como todos los veranos desde hace 12 años.
Soy una persona extraña, lo sé, totalmente insegura y con miedo terrible al rechazo. Por eso, prefiero vivir con la esperanza eterna que es más rica que la posible aceptación contra el muy probable rechazo.
Tu negativa destrozaría mi vida, le sacaría el motivo de ser. Vivo por vos, así, desde lejos, en las sombras, sin molestarte.
Y es que quiero que seas feliz, necesito saberte feliz, desde lejos, pero el poder hacerlo me da fuerzas cada día.
No es necesario que sepas de mí, con que vivas en mis pensamientos y fantasías me basta. Me conformo con eso, con verte sonreír, con escucharte cantar mientras te duchas, con verte hacer los mandados y comprar lo mismo que vos, para tratar de sentir igual.
Sabrás que no me gusta verte llorar, odio profundamente que te lastimen. Y con esto no quiero decir que no seas libre de elegir aquel hombre afortunado que sea tu compañero. Sólo que me encargaré de sacar a los que no sean para vos, aquellos que sólo se acerquen por tu hermoso cuerpo y no por tu forma de atarte el pelo cuando te sentás en tu sillón rojo a leer cuentos de Cortázar o Hemingway. Ellos no merecen tu energía (no digo que yo sí), sos demasiado Olimpo para tan pocos dioses.
Te veo, siempre. Cuando te enojas, cuando sos feliz, cuando amás y odiás. En tus momentos más tuyos cuando te abrís y sos pura esencia. Ahí te veo y te vivo. Absorbo cada mota de tu ser y construyo mi adoración hacia tí.
Sos mi dogma, mi filosofía, no existe día en el que no te piense, y no te hable.
Y en esas noches cuando extrañas aquel muchacho que desapareció después de maltratarte, mientras llorás por ojos que no titilan ni se dilatan ante vos. Acá yo te cuido y velo por ti. Limpiando la tierra y cortándote jazmines, como cada verano.

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