viernes, 23 de septiembre de 2016

El fogon

Entiendo que las vivencias pueden ser muy fuertes para algunos. Que se marcan dentro y suelen ser tan crudas que es difícil de contarlas o siquiera de entenderlas. Pero alguien tiene que mantenerlas con vida. Para que no sean devoradas por el olvido y perezcan en las mentes de los débiles que no las soportaron escondiéndolas en los rincones oscuros de su conciencia.
Entiendo, pero eh decidido enfrentarlo.
Lo que sucedió en el fogón 31 de diciembre del año 2015 quizás lo recuerden algunos como un accidente lejano del que se habló poco o nada. Hecho que involucro a ciertos jóvenes (claramente drogados) que debido a su irresponsabilidad terminaron mal.
De aquel hecho no hubo repercusión, como si aquello fuese tan macabro que la prensa, en un acto de humanidad, hubiese preferido dejar a las familias en paz con su duelo. Hay hechos que por su magnitud quedan callados, para no agrandarlos y que la herida no se habrá más.
Los sobrevivientes lloramos y callamos. Todo fue parte de aquella tragedia, incluso la reacción de los familiares que simplemente aceptaron algo que carecía de explicación lógica
Lo cierto es que ese momento la confusión reino en un lapso de locura. Donde nadie entendía realmente lo que estaba sucediendo y si aquellas personas muriendo eran reales o formaban parte de una extraña magia.
El mítico fogón de fin de año era ya clásico en la ciudad, consistía en una gran hoguera en la playa donde, en un principio, se reunían un grupo de amigos pero con los años se convirtió en masivo.
El evento reunía cientos de jóvenes que después de las 12, y del infaltable brindis familiar, se congregaban en esa playa para tomar y “joder” hasta el amanecer.
Aclaro que no quiero negar que en dicho evento no allá habido drogas, pero lo que sucedió no tiene nada que ver con aquellas, como lo entenderán cuando terminen de leer.
Yo iba por primera vez, con mi hermano mayor y unos amigos de él.
A la playa se accedía bajando por una escalera que se encontraba pegada a un murallón, a unos veinte metro aproximadamente. Así que desde el primer momento tuve la imagen de la magnitud de aquello.
El fogón en cuestión se encontraba cerca del inicio de la escollera y era realmente enorme. Unos tres metros de diámetro por otros dos de altura, aunque las llamas variaban. Tengan en cuenta que esta estimación es de un recuerdo de hace años. Quizás exagere en el tamaño o me quede chico.
Habremos llegado a la una de la madrigada aproximadamente y ya había más de un centenar de personas, las cuales se encontraban paradas o sentadas en rondas, todos desparramados en la arena formando un círculo (no muy exacto) alrededor del fogón.
Con mi hermano nos acercamos hasta lo más que pudimos hasta que llegue frente a la gran hoguera. El calor me baño la cara, recuerdo que me ardieron los ojos. Era el fuego más grande que había visto y lo viví como algo supremo. La sensación de seguridad tibia me abrazo y por ese instante estuve solo con aquella energía. El murmullo había callado, nada de  lo que a mí alrededor pasaba me llegaba. Estaba absorto ante aquel baile de las llamas.
Mi hermano me saco de ese trance y me condujo un poco más atrás, tenía el rostro mojado debido a que mis ojos habían llorado.
Recuerdo que me dijo con respecto a eso y a que nuestra madre lo mataría si a mí me pasaba algo.
Pero algo había en ese fuego que me atraía, hoy lo veo como algo rebelde de adolescente, vivencia nueva y quizás simple intriga por  lo desconocido.
Tras el fogón se encontraba la escollera que se elevaba unos 2 metros y se internaba unos 40 en el mar. La recorrí con la vista y pude contar unos 12 puntos luminosos. Personas solitarias fumando y contemplando la inmensidad del oscuro mar. El cual se veía atravesado por el reflejo de la luna, no recuerdo en qué fase se encontraba, pero era lo suficientemente grande para iluminar.
Le dije algo a mi hermano, me levante y directamente camine hacia la escollera bordeando el fogón. Movido por algo extraño, quizás simple curiosidad. La verdad es que desde allí pensé que se podía ver mejor, y así era.
La imagen me resulto enorme, algo que siempre va a quedar en mi memoria como hermoso.
La playa se perdía en la oscuridad del murallón, desde donde cada vez aparecían más y más personas salidas de un escuro lugar, como sombras que por esa noche quieren unirse, junto al fuego.
Aquel fuego iluminaba a las primeras filas, sus rostro titilaban amarillentamente. Podía ver a mi hermano y a su grupo.
Junto al fogón, del otro lado, un grupo hacia música con unas guitarras y unos bongos mientras dos mujeres bailaban bajo un aparente ritmo propio. Aquella imagen me llevo a lejanos rituales paganos, cuando se sacrificaban seres vivos y se hacían juramentos de sangre. Donde la fe lo era todo y se vivía con la carne. Aquellas mujeres parecían en un trance místico, producto de la misma música y el calor del fuego tan cercano.
Fue desde esa posición que vi a la mujer de vestido blanco entrar en escena.
Supongo que no fui el único en percatarse de su presencia. Aquella mujer desentonaba entre la multitud, tanto por su vestimenta como por el hecho de que estaba sola. Pero de inmediato los presentes volvieron a sus asuntos, mas yo seguí observándola. Había algo en ella que me atraía, algo oscuro que se sentía frio; aquello me llenaba de una tristeza helada y que por un momento me dio ganas de llorar. Recuerdo que aquel breve sentimiento fue el de extrañar a alguien con toda el alma, un ser que hace mucho que no está y que necesitamos con urgencia.
Con respecto a esta mujer se dijo muy poco, apenas si se la nombro en algunos artículos del caso como la primera víctima, pero nada más que eso. Creo ser el único que vio el inicio de todo aquello, y espero que sea así, pues no le deseo a nadie ser testigo de aquello.
La joven se dejó caer de rodillas a metros del fogón y comenzó a decir cosas que no pude escuchar. De forma pasionaria cerraba los ojos y con sus manos realizaba movimientos que trazaban extrañas figuras al aire…
Parece tan cercano aquello, como si aún estuviese sentado en aquella fría piedra observando aquella mujer de vestido blanco y pelo castaño. Creo que aquella sensación jamás me dejara, este dormido o en vigilia.
Fue cuando la mujer se levantó cuando supe que algo tremendo vendría. Recuerdo que mi corazón se aceleró y comencé a temblar. En un rincón desconocido de mi mente lo sabía, percibía aquel final y crudamente lo deseaba.
Sentía que mis ojos ardían y por un momento los cerré, un conjunto de lágrimas se me acumularon en los parpados. Sabía lo que vería al abrirlos, conocía el destino de aquella playa. Experimente un escalofrió helado justo antes de que la mujer se arrojase al fuego.
Las llamas la envolvieron, como si aquello lo devorase. Y en ese preciso momento el fuego creció y cambio sensiblemente de color. No podría describirlo exactamente, nunca vi ni volví a ver un color así. Era algo que, más que ver, se sentía…
El fuego latía y llamaba. Mi total atención se centró en aquella fuerza, como si no existiese nada a parte de aquello, y es que realmente así lo viví. La playa, las personas y todo lo que me rodeaba en esa noche desaparición. El fogón se había convertido en el centro de todo.
Percibí un exquisito calor que me acariciaba y murmuraba palabras en un tono dulce que arrullaba. El mundo se me antojo absurdo y sin sentido. La verdad estaba dentro de aquel centro luminoso, ahí encontraría la respuesta a preguntas que aún no existían en mí. Sentí envidia por aquella mujer que ya era parte de aquella experiencia astral. Y entonces vi que alguien más penetraba en el fuego y desaparecía en el. Entonces mi visión se amplió y volví a la playa pero sin apartarme del fuego que seguía siendo mi centro.
Volví a notar a las personas y percibí gritos y mucho movimiento. Vi por el rabillo del ojo que varias personas, sin embargo, se habían quedado quietas. No podía enfocar la vista en ninguna, aquel fuego lo acaparaba todo, pero veía siluetas que una a una se unía dentro de aquella enorme luz.
Algo a mi izquierda me atrajo la atención y por un breve instante aparte la vista de aquello, y entre nieblas pude distinguir a mi hermano que como yo se encontraba inmóvil absorto con el fuego. Lo llame, no con la voz, sino con mi ser.
En esta parte de la historia creo que desperté brevemente de aquel trance inicial. Me sentí atontado, perdido. Algo no estaba bien en todo aquello y fue entonces que mi hermano giro la cabeza y me miro. Su rostro se encontraba transformado, como si alguien o algo utilizaran una máscara de él, una muy mal hecha pero que permitía ver que se trataba de él. Sus ojos parecían eternos, hundidos y titilaban junto al fuego. Tenía los pómulos levantados en una extraña sonrisa que mostraba todos sus dientes, parecía que algo le sujetaba las comisuras de la boca y, de una manera horrenda, la estiraba hasta el borde del desgarro.
Es la última imagen que tengo de mi hermano vivo, mientras su rostro seguía en dirección a mi camino hacia el fuego y simplemente se dejó caer entre las otras personas que se consumían.
Experimente la soledad más cruda que alguna vez viví, como si jamás volviéramos a escuchar esa melodía de la infancia, ver como un lugar amado desaparece para no verlo jamás. En ese momento sentí que había perdido a mi hermano para siempre y así era.
A lo lejos había gritos, pero aun hoy dudo de aquello. Será que tantas veces lo soñé, estuve en ese fogón tantas veces diferentes que ya no distingo lo que ocurrió de lo que yo creo que debió haber pasado.
Pero el fuego siguió ahí, y de algún modo me encontraba parado sobre la piedra de aquella escollera, siendo atraído nuevamente por aquel poder, aquel dios del fuego primitivo. Y pude entender, por fin, a las personas que bailaban con la música junto al fuego aquello formaba parte de los más íntimo, original y mágico de nuestro ser. Y me volví a perder en aquel calor.
Por un instante volví a ver el rostro desfigurado de mi hermano. Me miraba sin ver, inmóvil. Su piel vibraba a causa del fuego. Todo su ser físico brillaba junto con su alma que se unía a las demás, formando las llamas de ese gran fogón.
Comprendí que ese era mi destino final, volver al fuego, a la fuente. Y comencé a bajar.
Mi cuerpo me resultaba extraño, algo molesto de lo que pronto me desharía, era tosco y se movía lento, mi mirada seguí fija en aquel tibio resplandor. Me dejaba flotar, hacia el…
Y de repente algo paso y el suelo desapareció. Mi visión se torció y todo mi mundo giro.
Me encontré tendido en la arena mirando como con cada lengua de fuego un ser brillante se fundía en cielo. No sentí el golpe de la caída, lo sentí después… pero en ese momento estaba lejos de mi cuerpo.
La arena húmeda me acariciaba la parte izquierda del rostro y al sentir que perdía mi fuego mis lágrimas se unieron al mar. Volvía de aquel lejano sueño, y el fuego comenzó a achicarse.
Una ola termino de sacarme de aquel sueño profundo. Supongo que cada religión tendrá su explicación, yo simplemente relato como lo sentí yo.
Fui el último en alejarse de aquella Gólgota de fin de año, donde solo quedaría un montón de cenizas que el mar y el viento consumirían. Aun hoy no sé si mi tristeza se debía a haber perdido a mi hermano o porque no pude unirme a él.



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