sábado, 27 de agosto de 2016

Mientras dormia

Voy a trata de ser lo más sincero posible y exponer todo como lo recuerde, calculo que al escribir me irán viniendo más detalles de los que ahora recuerdo.
También quiero aclara que esto lo viví después de la operación, estando dormido por varios días (creo que fueron 8) y en un estado muy crítico.
Voy a empezar diciendo que por más dormido que parecía, había lapsos donde podía escuchar, sentir y hasta ver lo que ocurría a mí alrededor.
Escuchaba a los enfermeros hablar, recuerdo en especial una conversación de mi madre con la cardióloga.
Yo no sufría, en ese momento no sentía nada prácticamente, simplemente estaba acostado boca arriba y las escuchaba.

En uno de los tanto lapsos donde era consiente, sentí como me acomodaban, no sentía mi cuerpo, más que de una manera lejana, pero notaba que había movimiento a mi alrededor y un murmullo. En ese momento sentí frio y obviamente me encontraba sin poder moverme. Con mucho esfuerzo logre mover una mano y tengo presente que al hacerlo una enfermera la tomo y la apretó.
Aquello me parecía no terminar más, sabía que estaba grave, y una parte de mi quería que terminase.
Finalmente sentí que me daban vuelta y que me acomodaban la cabeza mirando hacia la izquierda. Mi cuello sonó y todo fue negro, sabía que por fin iba a dormir.

Escuche a mi novia y a mi hermana despedirse de mí, diciéndome que siguiera adelante si es lo que quería, que no me quedara por ellas, que aunque eso las destrozaría no querían obligarme a sufrir con tal de estar vivo. Pude sentir la mano de mi novia y la música que me ponían, aun la recuerdo. Luego fue la nada, un blanco lo cubría todo y entonces supe que había muerto, que estaba en la transición. En ningún momento tuve miedo.

Y entonces me pregunte si acaso no me venía a buscar nadie como siempre se decía que ocurría en estos casos, yo siempre tuve la esperanza que al morir me venga a buscar mi padre, pero nadie apareció. Insistí en eso y una voz masculina me respondió que no, que “así no funciona”. Siempre escuche a esa voz a  mi derecha, más precisamente en la parte superior.
Le pregunte si no podía tener un cielo como el de la película Mas allá de los sueños, pero me respondió que tampoco “ese es el cielo del autor, tú tienes que tener tu propio cielo”.
La voz comenzó a explicarme sobre las almas y la conexión que existe entre todas así como los vínculos que, vida tras vida, se generan. Aquello me fascino y quise saber más.
Vi entonces una imagen donde las almas se representaban en puntos los cuales poseían capas donde, según la voz, se guardaba información de las vidas. También vi que las capas se conectaban con las de otras almas armando una red inmensa. Lo pude ver como si se tratase de algo pequeño y simple.

Luego de eso todo cambio  y comencé a ver imágenes de una iglesia que nunca había visto, recuerdo que había mucha gente y que todas rezaban por una madre y sus seis hijos. Tuve visiones de esos hijos en incubadoras, y vi a una madre cansada. Se trataba de una familia de centro América que había tenido sextillizos y que cuatro estaban grabes. Simplemente lo supe, aquella información apareció en mi mente.
Sentí entonces que tenía que ayudar a esos cuatro, tenía que poner mi energía en que aquellos niños no murieran.  Tenía muy presente una iglesia donde la gente rezaba mucho, escuchaba sus cantos y sus murmullos. Había en esa iglesia un ser negro que quería que los cuatro bebe mueran. Yo tenía que luchar con esa persona, hacer  que mi energía fuese mayor y salvar a los bebes.
Aquella persona negra hablaba mucho a la gente de la iglesia.
Vi a la abuela de los bebes y fuego, el fuego era malo.
La vos me indicaba que tenía que pedir por ellos, rezar. Tenía que llenar de luz a esos bebes para que se salvaran. Pero yo no podía, me agotaba. Invocaba a mi virgen para que me ayude pero aquella energía oscura me superaba.
Finalmente pensé que lo había logrado y aquella sensación me alegro, pero no era real. La voz me explicó que los bebes habían fallecido, pero que no baje ni energía poniéndome triste. Que aquello pasa y que iba a tener muchas otras posibilidades.
Entonces pase a un mar, era de noche. Las aguas estaban muy agitadas. Y había una embarcación hundiéndose. Se encontraba de costado y yo tenía que entrar y conducir a las personas a la puerta de salida. Recuerdo que entraba a la embarcación (quizás allá sido un submarino) por la parte superior de la puerta y me conducía siempre cerca del techo. Las personas que tenía que salvar estaban de color azul, mientras que las de color rojo las tenía que dejar. Tenía que ayudar a los rescatistas a encontrar heridos y ayudarlas a llegar la salida. En todo momento la voz me apoyaba y me indicaba.
Afuera había un bote esperando a los que salían y pude salvar a varios. Esto también me cansaba mucho, me tenía que esforzar y concentrarme, para orientarme y así poder llegar a las personas y que los rescatistas las encuentren.
Me escuche decir “estoy cansado” a lo que la voz no respondió y la escena cambio.
Ahora me encontraba en un campo de guerra. Nuevamente miraba todo desde arriba, ahora mi trabajo consistía en correr las balas y a los soldados para salvarlos. Algo me indicaba que hacer y cuando. De esto tengo pocos recuerdos, aquello fue lo último.
En un momento quise terminar con aquello, el cansancio era mayor y me quise ir.
“Quiero volver” dije a la voz.
“¿En serio?” En ese momento había dejado el campo de guerra para volver a lo blanco, volvía a estar en la nada.
“Si” respondí. Quería volver a mi vida, aunque una parte de mi sabía que eso ya no era posible. “Bueno…” fue la respuesta de la voz.

Fui consciente de que estaba muerto y que en ese estado podía crear. Y quise ver el mar y una ballena, algo que en vida no había podido hacer. Al instante aparecí bajo agua, mirando a la superficie. Pude ver así a una ballena enorme que muy tranquilamente se desplazaba de derecha a izquierda. La vi desde abajo. Recuerdo el sol que hacia brillar el ondulante océano y a la figura negra que era la ballena se recortaba en el brillo. Aquello me regocijo, ya no sentía frio ni cansancio, sentía paz.

Entonces todo volvió a cambiar y aparecí en un departamento. Nuevamente observaba todo desde el techo. Las paredes están de blanco. Veía una mesa en el centro y una pequeña cómoda en una pared junto a la puerta que daba a la pieza. Detrás mío había una ventana y en frente a esta la puerta de entrada de donde vi entrar a un hombre asiático. La vi dejando unas cosas en la mesa y hurgando en la cómoda. Me ignoro por completo, como si no me hubiera visto. Después simplemente me deslice por la ventana y me eleve, recuerdo muy claro las calles empedradas.
La próxima visión fue más oscura, en un recinto con paredes revestidas de madera. Había cerca de media docena de hombres vestidos con trajes antiguos y usaban la barba muy larga. Todos se agrupaban en una pared mientras que frente a ellos, y a mi derecha, había una cámara fotográfica muy antigua, jamás había visto algo así. Se trataba de un artefacto cuadrado, también de madera y que descansaba sobre un trípode negro.
Al instante pase a un lugar similar pero con personas diferentes. En esta ocasión era un velatorio. Aquello lo supe de solo estar ahí. Recuerdo lámparas verdes y velas. El lugar está muy oscuro. La gente murmuraba cosas que no alcanzaba a oír. Hasta que llegaba un hombre que recuerdo muy oscuro y comenzaba a dispararles a todos los presentes. Comenzaron los gritos y corridas, las sillas y mesas de madera comenzaron a volar, a la vez que se escuchaban más disparos. Sentí angustia, no me gustaba estar ahí, y me fui.
A continuación pase a un lugar más tenebroso y asqueroso. Se trataba de un cuarto en el medio de un bosque, construido de chapas y de no más de dos metros cuadrados, no poseía ventanas y apenas una puerta, también de chapa, y permanecía cerrada. Dentro de aquel lugar había cientos de ratas y serpientes, el suelo parecía estar podrido y lleno de insectos. Podía verlos moviéndose creando un efecto grotesco en el suelo. Trataba de estar lo más alejado posible del suelo. Pero lo que me resultaba más horrible, y aun hoy lo recuerdo, era el sonido, el asqueroso ruido que hacían todas esas criaturas juntas sobre la podredumbre, agudo, suave y crujiente, como un susurro pastoso y húmedo.
Recuerdo haber regresado a ese galpón asqueroso en varias ocasiones, claramente a eso no lo podía dominar mucho. Cada vez que regresaba tenia la sensación de soledad muy profunda. Un sentimiento extraño y muy feo.

Estuve en un bosque de un verde único (muy distinto del anterior). Daba la sensación de una pureza única. Supe que aquello era naturaleza virgen, sin ninguna injerencia del hombre. Sentía que aquello no era pasado sino futuro. Praderas, suaves lomas verdes con un cielo celeste y limpio. Sentí mucha paz en ese sitio. Podía ver como aquello crecía ante mí.
Pero todo volvió a cambiar y ahora me encontraba en un lugar muy extraño. Yo era como una especie de espera que giraba junto con otras miles en una canaleta que daba la vuelta a un gran recinto. Recuerdo bien la esfera que estaba frente a mí girar y girar, avanzando. A mi izquierda había un foso enorme pero podía ver en la pared de enfrente otras esperas que giraban y avanzaban como yo.

En este punto volví a tener conciencia de mí, y supe que estaba volviendo. Aquello estaba por terminar. Pensé en como volvería ¿acaso reencarnaría?, ¿Renacería siendo nuevamente Emanuel?  En ningún momento se me ocurrió la posibilidad de despertar como yo, vivo y recién operado. Aquello ya había terminado.
Por ultimo experimente la sensación más rara y compleja que viví. Sería imposible poder transmitir con palabras lo que fue, pero tratare.
Observaba un cuerpo geométrico con colores que cambiaban continuamente, aquellos colores fueron tornándose grises para terminar siendo blancos y negros. Se ondulaban y movían de manera vertiginosa. Era asombroso, estaba fascinado presenciando aquel espectáculo.
Pronto aquello se extendió y volví a sentir mi cuerpo. Lo tome como algo viejo y amado, un recuerdo antiguo. Cada parte de mi vibraba al compás de aquellos destellos blancos y negros. Hasta que entendí que esos destellos eran mi cuerpo. Intentaba dominar la vibración pero no podía. Aquello me parecía eterno, hasta que el tiempo dejo de tener importancia. Comprendí que había tratado todo el tiempo de controlar, y me entregue, dejando de luchar.

La vibración aumento y desperté en la cama del hospital. Fue al ver a mi madre cuando comprendí que había vuelto realmente, que estaba vivo.