viernes, 24 de junio de 2016

Carta

Escribo como último acto terrenal. Para que, en lo posible, pueda dejar algo más que dolor. Más que una silla vacía, unos libros para repartir, ropa para regalar.
Escribo para adelgazar mi mente y devolver aquello que me pesa. Para que mi corazón vomite convulso lo que tanto callo y quemar los errores de mi mente.
Escribo para disculparme, para pedirte perdón, papa, por no ser como vos, por dejarte esta carta junto a la máquina de escribir que me regalaste. Por no superar esto y rendirme por el camino fácil. Por ser débil, egoísta y cobarde. Perdón por estar llorando ahora y temblar. Por hacer sufrir a mama y olvidar a mis hermanos. Sé que con estas palabras no arreglo nada, pero no tengo nada para dar más que esto.
Escribo y me desarmo en estas hojas por una fuerza oscura, la que una vez me hizo abrir una puerta que en unos minutos se cerrara tras de mí. La que me nubla y me agrede, me olvida y me reclama luego. Que me viola y escupe. A la que amo por no poder amarme a mí.
¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Será el cielo como dicen? Espero que no duela tanto como la decepción que debes sentir ahora. Sé que la muerte es más dolorosa cuando se está del otro lado y que al anunciarla duele más. Nunca me sentí más solo que ahora. Tengo miedo papa.
Escribo porque lo siento, como un ser que al conectarse conmigo me indica que teclas deben apretar mis dedos. Que me sujeta suavemente por los hombros y me susurra al oído. Su compañía no es agradable y el vacío resulta muy pesado.
Quiero drogarme, consumir hasta que el monstruo dentro de mí desgarre lo poco que queda. Poder ser un mal ejemplo. Me duelen los parpados papa, estoy cansado de esto. A veces llamo pero nadie contesta.
Al cerrar los ojos uno a veces tiene imágenes de personas que le son familiares, rostros y cuerpos que uno reconoce pero no sabe de dónde. ¿Acaso son mi familia? ¿Amigos? Por un momento se me cruzo la idea de que eran recuerdos de otra persona. Pero lo siento lejano, como de otra vida. Sé que está por terminar, aquello que empecé hace años parece que por fin pasa factura de cierre.
Escribo para despedirme, porque no puedo ni hablar. Mis manos están temblando demasiado y me duelen los dedos con cada letra. Tengo un colchón al lado mío para tirarme en él ni bien termine de escribir.
Escribo porque tengo esperanza de ser más que un cuerpo pinchado. Que en realidad seamos seres eternos y luminosos, ajenos al dolor y a las enfermedades.
Escribo por la ilusión que al hacerlo se limpie mi cuerpo y mi alma quede por fin libre.


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