viernes, 23 de septiembre de 2016

El fogon

Entiendo que las vivencias pueden ser muy fuertes para algunos. Que se marcan dentro y suelen ser tan crudas que es difícil de contarlas o siquiera de entenderlas. Pero alguien tiene que mantenerlas con vida. Para que no sean devoradas por el olvido y perezcan en las mentes de los débiles que no las soportaron escondiéndolas en los rincones oscuros de su conciencia.
Entiendo, pero eh decidido enfrentarlo.
Lo que sucedió en el fogón 31 de diciembre del año 2015 quizás lo recuerden algunos como un accidente lejano del que se habló poco o nada. Hecho que involucro a ciertos jóvenes (claramente drogados) que debido a su irresponsabilidad terminaron mal.
De aquel hecho no hubo repercusión, como si aquello fuese tan macabro que la prensa, en un acto de humanidad, hubiese preferido dejar a las familias en paz con su duelo. Hay hechos que por su magnitud quedan callados, para no agrandarlos y que la herida no se habrá más.
Los sobrevivientes lloramos y callamos. Todo fue parte de aquella tragedia, incluso la reacción de los familiares que simplemente aceptaron algo que carecía de explicación lógica
Lo cierto es que ese momento la confusión reino en un lapso de locura. Donde nadie entendía realmente lo que estaba sucediendo y si aquellas personas muriendo eran reales o formaban parte de una extraña magia.
El mítico fogón de fin de año era ya clásico en la ciudad, consistía en una gran hoguera en la playa donde, en un principio, se reunían un grupo de amigos pero con los años se convirtió en masivo.
El evento reunía cientos de jóvenes que después de las 12, y del infaltable brindis familiar, se congregaban en esa playa para tomar y “joder” hasta el amanecer.
Aclaro que no quiero negar que en dicho evento no allá habido drogas, pero lo que sucedió no tiene nada que ver con aquellas, como lo entenderán cuando terminen de leer.
Yo iba por primera vez, con mi hermano mayor y unos amigos de él.
A la playa se accedía bajando por una escalera que se encontraba pegada a un murallón, a unos veinte metro aproximadamente. Así que desde el primer momento tuve la imagen de la magnitud de aquello.
El fogón en cuestión se encontraba cerca del inicio de la escollera y era realmente enorme. Unos tres metros de diámetro por otros dos de altura, aunque las llamas variaban. Tengan en cuenta que esta estimación es de un recuerdo de hace años. Quizás exagere en el tamaño o me quede chico.
Habremos llegado a la una de la madrigada aproximadamente y ya había más de un centenar de personas, las cuales se encontraban paradas o sentadas en rondas, todos desparramados en la arena formando un círculo (no muy exacto) alrededor del fogón.
Con mi hermano nos acercamos hasta lo más que pudimos hasta que llegue frente a la gran hoguera. El calor me baño la cara, recuerdo que me ardieron los ojos. Era el fuego más grande que había visto y lo viví como algo supremo. La sensación de seguridad tibia me abrazo y por ese instante estuve solo con aquella energía. El murmullo había callado, nada de  lo que a mí alrededor pasaba me llegaba. Estaba absorto ante aquel baile de las llamas.
Mi hermano me saco de ese trance y me condujo un poco más atrás, tenía el rostro mojado debido a que mis ojos habían llorado.
Recuerdo que me dijo con respecto a eso y a que nuestra madre lo mataría si a mí me pasaba algo.
Pero algo había en ese fuego que me atraía, hoy lo veo como algo rebelde de adolescente, vivencia nueva y quizás simple intriga por  lo desconocido.
Tras el fogón se encontraba la escollera que se elevaba unos 2 metros y se internaba unos 40 en el mar. La recorrí con la vista y pude contar unos 12 puntos luminosos. Personas solitarias fumando y contemplando la inmensidad del oscuro mar. El cual se veía atravesado por el reflejo de la luna, no recuerdo en qué fase se encontraba, pero era lo suficientemente grande para iluminar.
Le dije algo a mi hermano, me levante y directamente camine hacia la escollera bordeando el fogón. Movido por algo extraño, quizás simple curiosidad. La verdad es que desde allí pensé que se podía ver mejor, y así era.
La imagen me resulto enorme, algo que siempre va a quedar en mi memoria como hermoso.
La playa se perdía en la oscuridad del murallón, desde donde cada vez aparecían más y más personas salidas de un escuro lugar, como sombras que por esa noche quieren unirse, junto al fuego.
Aquel fuego iluminaba a las primeras filas, sus rostro titilaban amarillentamente. Podía ver a mi hermano y a su grupo.
Junto al fogón, del otro lado, un grupo hacia música con unas guitarras y unos bongos mientras dos mujeres bailaban bajo un aparente ritmo propio. Aquella imagen me llevo a lejanos rituales paganos, cuando se sacrificaban seres vivos y se hacían juramentos de sangre. Donde la fe lo era todo y se vivía con la carne. Aquellas mujeres parecían en un trance místico, producto de la misma música y el calor del fuego tan cercano.
Fue desde esa posición que vi a la mujer de vestido blanco entrar en escena.
Supongo que no fui el único en percatarse de su presencia. Aquella mujer desentonaba entre la multitud, tanto por su vestimenta como por el hecho de que estaba sola. Pero de inmediato los presentes volvieron a sus asuntos, mas yo seguí observándola. Había algo en ella que me atraía, algo oscuro que se sentía frio; aquello me llenaba de una tristeza helada y que por un momento me dio ganas de llorar. Recuerdo que aquel breve sentimiento fue el de extrañar a alguien con toda el alma, un ser que hace mucho que no está y que necesitamos con urgencia.
Con respecto a esta mujer se dijo muy poco, apenas si se la nombro en algunos artículos del caso como la primera víctima, pero nada más que eso. Creo ser el único que vio el inicio de todo aquello, y espero que sea así, pues no le deseo a nadie ser testigo de aquello.
La joven se dejó caer de rodillas a metros del fogón y comenzó a decir cosas que no pude escuchar. De forma pasionaria cerraba los ojos y con sus manos realizaba movimientos que trazaban extrañas figuras al aire…
Parece tan cercano aquello, como si aún estuviese sentado en aquella fría piedra observando aquella mujer de vestido blanco y pelo castaño. Creo que aquella sensación jamás me dejara, este dormido o en vigilia.
Fue cuando la mujer se levantó cuando supe que algo tremendo vendría. Recuerdo que mi corazón se aceleró y comencé a temblar. En un rincón desconocido de mi mente lo sabía, percibía aquel final y crudamente lo deseaba.
Sentía que mis ojos ardían y por un momento los cerré, un conjunto de lágrimas se me acumularon en los parpados. Sabía lo que vería al abrirlos, conocía el destino de aquella playa. Experimente un escalofrió helado justo antes de que la mujer se arrojase al fuego.
Las llamas la envolvieron, como si aquello lo devorase. Y en ese preciso momento el fuego creció y cambio sensiblemente de color. No podría describirlo exactamente, nunca vi ni volví a ver un color así. Era algo que, más que ver, se sentía…
El fuego latía y llamaba. Mi total atención se centró en aquella fuerza, como si no existiese nada a parte de aquello, y es que realmente así lo viví. La playa, las personas y todo lo que me rodeaba en esa noche desaparición. El fogón se había convertido en el centro de todo.
Percibí un exquisito calor que me acariciaba y murmuraba palabras en un tono dulce que arrullaba. El mundo se me antojo absurdo y sin sentido. La verdad estaba dentro de aquel centro luminoso, ahí encontraría la respuesta a preguntas que aún no existían en mí. Sentí envidia por aquella mujer que ya era parte de aquella experiencia astral. Y entonces vi que alguien más penetraba en el fuego y desaparecía en el. Entonces mi visión se amplió y volví a la playa pero sin apartarme del fuego que seguía siendo mi centro.
Volví a notar a las personas y percibí gritos y mucho movimiento. Vi por el rabillo del ojo que varias personas, sin embargo, se habían quedado quietas. No podía enfocar la vista en ninguna, aquel fuego lo acaparaba todo, pero veía siluetas que una a una se unía dentro de aquella enorme luz.
Algo a mi izquierda me atrajo la atención y por un breve instante aparte la vista de aquello, y entre nieblas pude distinguir a mi hermano que como yo se encontraba inmóvil absorto con el fuego. Lo llame, no con la voz, sino con mi ser.
En esta parte de la historia creo que desperté brevemente de aquel trance inicial. Me sentí atontado, perdido. Algo no estaba bien en todo aquello y fue entonces que mi hermano giro la cabeza y me miro. Su rostro se encontraba transformado, como si alguien o algo utilizaran una máscara de él, una muy mal hecha pero que permitía ver que se trataba de él. Sus ojos parecían eternos, hundidos y titilaban junto al fuego. Tenía los pómulos levantados en una extraña sonrisa que mostraba todos sus dientes, parecía que algo le sujetaba las comisuras de la boca y, de una manera horrenda, la estiraba hasta el borde del desgarro.
Es la última imagen que tengo de mi hermano vivo, mientras su rostro seguía en dirección a mi camino hacia el fuego y simplemente se dejó caer entre las otras personas que se consumían.
Experimente la soledad más cruda que alguna vez viví, como si jamás volviéramos a escuchar esa melodía de la infancia, ver como un lugar amado desaparece para no verlo jamás. En ese momento sentí que había perdido a mi hermano para siempre y así era.
A lo lejos había gritos, pero aun hoy dudo de aquello. Será que tantas veces lo soñé, estuve en ese fogón tantas veces diferentes que ya no distingo lo que ocurrió de lo que yo creo que debió haber pasado.
Pero el fuego siguió ahí, y de algún modo me encontraba parado sobre la piedra de aquella escollera, siendo atraído nuevamente por aquel poder, aquel dios del fuego primitivo. Y pude entender, por fin, a las personas que bailaban con la música junto al fuego aquello formaba parte de los más íntimo, original y mágico de nuestro ser. Y me volví a perder en aquel calor.
Por un instante volví a ver el rostro desfigurado de mi hermano. Me miraba sin ver, inmóvil. Su piel vibraba a causa del fuego. Todo su ser físico brillaba junto con su alma que se unía a las demás, formando las llamas de ese gran fogón.
Comprendí que ese era mi destino final, volver al fuego, a la fuente. Y comencé a bajar.
Mi cuerpo me resultaba extraño, algo molesto de lo que pronto me desharía, era tosco y se movía lento, mi mirada seguí fija en aquel tibio resplandor. Me dejaba flotar, hacia el…
Y de repente algo paso y el suelo desapareció. Mi visión se torció y todo mi mundo giro.
Me encontré tendido en la arena mirando como con cada lengua de fuego un ser brillante se fundía en cielo. No sentí el golpe de la caída, lo sentí después… pero en ese momento estaba lejos de mi cuerpo.
La arena húmeda me acariciaba la parte izquierda del rostro y al sentir que perdía mi fuego mis lágrimas se unieron al mar. Volvía de aquel lejano sueño, y el fuego comenzó a achicarse.
Una ola termino de sacarme de aquel sueño profundo. Supongo que cada religión tendrá su explicación, yo simplemente relato como lo sentí yo.
Fui el último en alejarse de aquella Gólgota de fin de año, donde solo quedaría un montón de cenizas que el mar y el viento consumirían. Aun hoy no sé si mi tristeza se debía a haber perdido a mi hermano o porque no pude unirme a él.



sábado, 27 de agosto de 2016

Mientras dormia

Voy a trata de ser lo más sincero posible y exponer todo como lo recuerde, calculo que al escribir me irán viniendo más detalles de los que ahora recuerdo.
También quiero aclara que esto lo viví después de la operación, estando dormido por varios días (creo que fueron 8) y en un estado muy crítico.
Voy a empezar diciendo que por más dormido que parecía, había lapsos donde podía escuchar, sentir y hasta ver lo que ocurría a mí alrededor.
Escuchaba a los enfermeros hablar, recuerdo en especial una conversación de mi madre con la cardióloga.
Yo no sufría, en ese momento no sentía nada prácticamente, simplemente estaba acostado boca arriba y las escuchaba.

En uno de los tanto lapsos donde era consiente, sentí como me acomodaban, no sentía mi cuerpo, más que de una manera lejana, pero notaba que había movimiento a mi alrededor y un murmullo. En ese momento sentí frio y obviamente me encontraba sin poder moverme. Con mucho esfuerzo logre mover una mano y tengo presente que al hacerlo una enfermera la tomo y la apretó.
Aquello me parecía no terminar más, sabía que estaba grave, y una parte de mi quería que terminase.
Finalmente sentí que me daban vuelta y que me acomodaban la cabeza mirando hacia la izquierda. Mi cuello sonó y todo fue negro, sabía que por fin iba a dormir.

Escuche a mi novia y a mi hermana despedirse de mí, diciéndome que siguiera adelante si es lo que quería, que no me quedara por ellas, que aunque eso las destrozaría no querían obligarme a sufrir con tal de estar vivo. Pude sentir la mano de mi novia y la música que me ponían, aun la recuerdo. Luego fue la nada, un blanco lo cubría todo y entonces supe que había muerto, que estaba en la transición. En ningún momento tuve miedo.

Y entonces me pregunte si acaso no me venía a buscar nadie como siempre se decía que ocurría en estos casos, yo siempre tuve la esperanza que al morir me venga a buscar mi padre, pero nadie apareció. Insistí en eso y una voz masculina me respondió que no, que “así no funciona”. Siempre escuche a esa voz a  mi derecha, más precisamente en la parte superior.
Le pregunte si no podía tener un cielo como el de la película Mas allá de los sueños, pero me respondió que tampoco “ese es el cielo del autor, tú tienes que tener tu propio cielo”.
La voz comenzó a explicarme sobre las almas y la conexión que existe entre todas así como los vínculos que, vida tras vida, se generan. Aquello me fascino y quise saber más.
Vi entonces una imagen donde las almas se representaban en puntos los cuales poseían capas donde, según la voz, se guardaba información de las vidas. También vi que las capas se conectaban con las de otras almas armando una red inmensa. Lo pude ver como si se tratase de algo pequeño y simple.

Luego de eso todo cambio  y comencé a ver imágenes de una iglesia que nunca había visto, recuerdo que había mucha gente y que todas rezaban por una madre y sus seis hijos. Tuve visiones de esos hijos en incubadoras, y vi a una madre cansada. Se trataba de una familia de centro América que había tenido sextillizos y que cuatro estaban grabes. Simplemente lo supe, aquella información apareció en mi mente.
Sentí entonces que tenía que ayudar a esos cuatro, tenía que poner mi energía en que aquellos niños no murieran.  Tenía muy presente una iglesia donde la gente rezaba mucho, escuchaba sus cantos y sus murmullos. Había en esa iglesia un ser negro que quería que los cuatro bebe mueran. Yo tenía que luchar con esa persona, hacer  que mi energía fuese mayor y salvar a los bebes.
Aquella persona negra hablaba mucho a la gente de la iglesia.
Vi a la abuela de los bebes y fuego, el fuego era malo.
La vos me indicaba que tenía que pedir por ellos, rezar. Tenía que llenar de luz a esos bebes para que se salvaran. Pero yo no podía, me agotaba. Invocaba a mi virgen para que me ayude pero aquella energía oscura me superaba.
Finalmente pensé que lo había logrado y aquella sensación me alegro, pero no era real. La voz me explicó que los bebes habían fallecido, pero que no baje ni energía poniéndome triste. Que aquello pasa y que iba a tener muchas otras posibilidades.
Entonces pase a un mar, era de noche. Las aguas estaban muy agitadas. Y había una embarcación hundiéndose. Se encontraba de costado y yo tenía que entrar y conducir a las personas a la puerta de salida. Recuerdo que entraba a la embarcación (quizás allá sido un submarino) por la parte superior de la puerta y me conducía siempre cerca del techo. Las personas que tenía que salvar estaban de color azul, mientras que las de color rojo las tenía que dejar. Tenía que ayudar a los rescatistas a encontrar heridos y ayudarlas a llegar la salida. En todo momento la voz me apoyaba y me indicaba.
Afuera había un bote esperando a los que salían y pude salvar a varios. Esto también me cansaba mucho, me tenía que esforzar y concentrarme, para orientarme y así poder llegar a las personas y que los rescatistas las encuentren.
Me escuche decir “estoy cansado” a lo que la voz no respondió y la escena cambio.
Ahora me encontraba en un campo de guerra. Nuevamente miraba todo desde arriba, ahora mi trabajo consistía en correr las balas y a los soldados para salvarlos. Algo me indicaba que hacer y cuando. De esto tengo pocos recuerdos, aquello fue lo último.
En un momento quise terminar con aquello, el cansancio era mayor y me quise ir.
“Quiero volver” dije a la voz.
“¿En serio?” En ese momento había dejado el campo de guerra para volver a lo blanco, volvía a estar en la nada.
“Si” respondí. Quería volver a mi vida, aunque una parte de mi sabía que eso ya no era posible. “Bueno…” fue la respuesta de la voz.

Fui consciente de que estaba muerto y que en ese estado podía crear. Y quise ver el mar y una ballena, algo que en vida no había podido hacer. Al instante aparecí bajo agua, mirando a la superficie. Pude ver así a una ballena enorme que muy tranquilamente se desplazaba de derecha a izquierda. La vi desde abajo. Recuerdo el sol que hacia brillar el ondulante océano y a la figura negra que era la ballena se recortaba en el brillo. Aquello me regocijo, ya no sentía frio ni cansancio, sentía paz.

Entonces todo volvió a cambiar y aparecí en un departamento. Nuevamente observaba todo desde el techo. Las paredes están de blanco. Veía una mesa en el centro y una pequeña cómoda en una pared junto a la puerta que daba a la pieza. Detrás mío había una ventana y en frente a esta la puerta de entrada de donde vi entrar a un hombre asiático. La vi dejando unas cosas en la mesa y hurgando en la cómoda. Me ignoro por completo, como si no me hubiera visto. Después simplemente me deslice por la ventana y me eleve, recuerdo muy claro las calles empedradas.
La próxima visión fue más oscura, en un recinto con paredes revestidas de madera. Había cerca de media docena de hombres vestidos con trajes antiguos y usaban la barba muy larga. Todos se agrupaban en una pared mientras que frente a ellos, y a mi derecha, había una cámara fotográfica muy antigua, jamás había visto algo así. Se trataba de un artefacto cuadrado, también de madera y que descansaba sobre un trípode negro.
Al instante pase a un lugar similar pero con personas diferentes. En esta ocasión era un velatorio. Aquello lo supe de solo estar ahí. Recuerdo lámparas verdes y velas. El lugar está muy oscuro. La gente murmuraba cosas que no alcanzaba a oír. Hasta que llegaba un hombre que recuerdo muy oscuro y comenzaba a dispararles a todos los presentes. Comenzaron los gritos y corridas, las sillas y mesas de madera comenzaron a volar, a la vez que se escuchaban más disparos. Sentí angustia, no me gustaba estar ahí, y me fui.
A continuación pase a un lugar más tenebroso y asqueroso. Se trataba de un cuarto en el medio de un bosque, construido de chapas y de no más de dos metros cuadrados, no poseía ventanas y apenas una puerta, también de chapa, y permanecía cerrada. Dentro de aquel lugar había cientos de ratas y serpientes, el suelo parecía estar podrido y lleno de insectos. Podía verlos moviéndose creando un efecto grotesco en el suelo. Trataba de estar lo más alejado posible del suelo. Pero lo que me resultaba más horrible, y aun hoy lo recuerdo, era el sonido, el asqueroso ruido que hacían todas esas criaturas juntas sobre la podredumbre, agudo, suave y crujiente, como un susurro pastoso y húmedo.
Recuerdo haber regresado a ese galpón asqueroso en varias ocasiones, claramente a eso no lo podía dominar mucho. Cada vez que regresaba tenia la sensación de soledad muy profunda. Un sentimiento extraño y muy feo.

Estuve en un bosque de un verde único (muy distinto del anterior). Daba la sensación de una pureza única. Supe que aquello era naturaleza virgen, sin ninguna injerencia del hombre. Sentía que aquello no era pasado sino futuro. Praderas, suaves lomas verdes con un cielo celeste y limpio. Sentí mucha paz en ese sitio. Podía ver como aquello crecía ante mí.
Pero todo volvió a cambiar y ahora me encontraba en un lugar muy extraño. Yo era como una especie de espera que giraba junto con otras miles en una canaleta que daba la vuelta a un gran recinto. Recuerdo bien la esfera que estaba frente a mí girar y girar, avanzando. A mi izquierda había un foso enorme pero podía ver en la pared de enfrente otras esperas que giraban y avanzaban como yo.

En este punto volví a tener conciencia de mí, y supe que estaba volviendo. Aquello estaba por terminar. Pensé en como volvería ¿acaso reencarnaría?, ¿Renacería siendo nuevamente Emanuel?  En ningún momento se me ocurrió la posibilidad de despertar como yo, vivo y recién operado. Aquello ya había terminado.
Por ultimo experimente la sensación más rara y compleja que viví. Sería imposible poder transmitir con palabras lo que fue, pero tratare.
Observaba un cuerpo geométrico con colores que cambiaban continuamente, aquellos colores fueron tornándose grises para terminar siendo blancos y negros. Se ondulaban y movían de manera vertiginosa. Era asombroso, estaba fascinado presenciando aquel espectáculo.
Pronto aquello se extendió y volví a sentir mi cuerpo. Lo tome como algo viejo y amado, un recuerdo antiguo. Cada parte de mi vibraba al compás de aquellos destellos blancos y negros. Hasta que entendí que esos destellos eran mi cuerpo. Intentaba dominar la vibración pero no podía. Aquello me parecía eterno, hasta que el tiempo dejo de tener importancia. Comprendí que había tratado todo el tiempo de controlar, y me entregue, dejando de luchar.

La vibración aumento y desperté en la cama del hospital. Fue al ver a mi madre cuando comprendí que había vuelto realmente, que estaba vivo.

viernes, 8 de julio de 2016

Ellas

¿Y por qué si la amo a ella sigo pensando en vos? ¿Si doy la vida por ella quiero tenerte a vos? ¿Acaso está mal respirar por una pero suspirar por otra? Si mi alma se siente llena con ambas. Si mis días son incompletos al no tener la mirada de ambas.
Ojala pudiese elegir amar solo a una. Dios quiera que mi piel solo vibre con el rose de una sola mano y mis labios se abran para solo una boca.
Pido el amor hacia un solo ser y que mi desdicha no se extienda. Suplico por el desamor, por el cansancio hacia una de ella, ruego porque al despertar piense solo en una y que eso me haga feliz. Por no sentir esta culpa que es solo el limbo de mi condena.
¿Acaso puedo existir  sin una de ellas? ¿Acaso en ti no habita ella?
¿Será mi suplicio este mal de amar?
¿Podría morir sin dañar a las dos? ¿La vida ser más justa y el corazón más sabio?

Amar preferiría a una sola, para no llorar en silencio por ambas. 

viernes, 24 de junio de 2016

Carta

Escribo como último acto terrenal. Para que, en lo posible, pueda dejar algo más que dolor. Más que una silla vacía, unos libros para repartir, ropa para regalar.
Escribo para adelgazar mi mente y devolver aquello que me pesa. Para que mi corazón vomite convulso lo que tanto callo y quemar los errores de mi mente.
Escribo para disculparme, para pedirte perdón, papa, por no ser como vos, por dejarte esta carta junto a la máquina de escribir que me regalaste. Por no superar esto y rendirme por el camino fácil. Por ser débil, egoísta y cobarde. Perdón por estar llorando ahora y temblar. Por hacer sufrir a mama y olvidar a mis hermanos. Sé que con estas palabras no arreglo nada, pero no tengo nada para dar más que esto.
Escribo y me desarmo en estas hojas por una fuerza oscura, la que una vez me hizo abrir una puerta que en unos minutos se cerrara tras de mí. La que me nubla y me agrede, me olvida y me reclama luego. Que me viola y escupe. A la que amo por no poder amarme a mí.
¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Será el cielo como dicen? Espero que no duela tanto como la decepción que debes sentir ahora. Sé que la muerte es más dolorosa cuando se está del otro lado y que al anunciarla duele más. Nunca me sentí más solo que ahora. Tengo miedo papa.
Escribo porque lo siento, como un ser que al conectarse conmigo me indica que teclas deben apretar mis dedos. Que me sujeta suavemente por los hombros y me susurra al oído. Su compañía no es agradable y el vacío resulta muy pesado.
Quiero drogarme, consumir hasta que el monstruo dentro de mí desgarre lo poco que queda. Poder ser un mal ejemplo. Me duelen los parpados papa, estoy cansado de esto. A veces llamo pero nadie contesta.
Al cerrar los ojos uno a veces tiene imágenes de personas que le son familiares, rostros y cuerpos que uno reconoce pero no sabe de dónde. ¿Acaso son mi familia? ¿Amigos? Por un momento se me cruzo la idea de que eran recuerdos de otra persona. Pero lo siento lejano, como de otra vida. Sé que está por terminar, aquello que empecé hace años parece que por fin pasa factura de cierre.
Escribo para despedirme, porque no puedo ni hablar. Mis manos están temblando demasiado y me duelen los dedos con cada letra. Tengo un colchón al lado mío para tirarme en él ni bien termine de escribir.
Escribo porque tengo esperanza de ser más que un cuerpo pinchado. Que en realidad seamos seres eternos y luminosos, ajenos al dolor y a las enfermedades.
Escribo por la ilusión que al hacerlo se limpie mi cuerpo y mi alma quede por fin libre.


viernes, 4 de marzo de 2016

La muerte del indio.

La luna trataba de enfriar la tierra que el sol con tanto esmero calentó durante el día. El viento barría las hojas muertas que raspaban las piedras y sacudía las vivas creando un murmullo que ensombrecía y adormilaba al indio, parecía que no solo la pérdida de sangre causaba eso.
Sus ojos se entornaron en el cielo, negro, limpio, expectante. El indio se sintió observado, por un ser enorme que lo miraba con amor a la espera de recibirlo; de limpiarlo y abrazarlo.
Tomo la mano de su india, la morena mujer que, con esas hermosas caderas, le había dado tres hijos. ¿Acaso sus ojos dejaron de reflejar amor? Eso jamás podía ser real. Quiso consolar a la mujer de su vida, abrazarla y respirar aquella pureza que su piel desprendía como si de una rosa se tratase. La miro a los ojos marrones que parecían titilar en la noche. Lloraba, obvio que lloraba, su hombre se moría, y por aquella herida se escapaban todos sus sueños y esperanzas. Quedaba sola, desprotegida y fría. Podía notar el vacío que se estaba creando en sus ojos. Ella seria fuerte para con sus hijos, pero por dentro lo extrañaría en cada mañana y cada noche y aun cuando su cuerpo se marchite lo pensaría con cada respiración.
Apretó su pequeña mano, y junto a la suya fue como si dos galaxias se unieran, dos mundos diferentes que mediante una simbiosis perfecta se complementaban. Su áspera y curtida piel sujetaba la delicada y fina tez de ella. Notaba como temblaba, quería ser fuerte, mostrar que era dura frente a su hombre que moría. Pero el dolor le sacudía y derrumbaba su mundo seguro en el que vivía.
A su izquierda apareció una anciana vestida con ropas de colores, sus ojos hundidos entre un millar de arrugas los miraba solemne. Dando importancia a la escena. Reconociendo la fisura en el tiempo que aquello representaba para la joven. Sus años de shaman la habían preparado para despedidas y encuentros, peleas y olvidos.
La anciana se arrodillo junto al indo que había comenzado a temblar. Todo el lugar estaba vacío, la tribu sabía lo que ocurría y respetaba la intimidad de la muerte. La noche acompañaba estando calma. Apoyo su delgada mano en la frente mojada de aquel indio y cerró los ojos. Sintió fuego y que el tiempo terrenal se le escapaba como arena en la mano.
La vieja se agacho junto al indio que temblaba de forma cada vez más incontrolable.
Se encontraban solos entre los árboles que murmuraban, únicos observadores de aquel acontecimiento.
La mujer introdujo su huesuda y arrugada mano entre sus amplios ropajes para luego extraer una daga hecha de hueso, la sostuvo en su mano izquierda y tomando la  de la india la miro a los ojos.
Aquello era una pregunta, un reto. No a la india sino a su esencia, a la parte más íntima y profunda de su alma. Los ojos grises de la vieja penetraron en los cafés de la india y sintió la falta de duda, la seguridad. Vio la luz de una mujer que podría vivir eso y mucho más. Aquellos ojos no dudaban ni temblaban, sino que latían, vibraban.
La india abrió su mano y la vieja paso el fino filo de la daga por su palma. Al instante comenzó a brotar una sangre del mismo color oscuro de la del indio y la luna la iluminaba de la misma manera dándoles un aspecto plateado.
La india respiro profundo, una pequeña parte de ella dudaba. La parte de la tierra miraba con duda lo que estaba por hacer, y quiso infundir miedo. Crear imágenes donde aquello no funciona y su apuesta fallaba. Donde ella moría con su indio dejando a sus hijos huérfanos, solos y abandonados. Donde su amor no era más que una ilusión.
Cerró los ojos y aparto aquellos breves pensamientos. Aquel era su compañero y eso era real, eterno y sobrepasaba la tierra. Aquello resultaba de todos los elementos fundidos, fruto del viento de primavera, de los aromas íntimos, los besos entre lágrimas. Ojos entre las hojas verdes, pies descalzos llenos de barro. Dolores y llantos, gritos y risas.
La vieja tomo la mano herida de la india y mientras la sostenía comenzó a cantar monótonamente, la india no podía entender aquellas palabras, quizás porque eran rápidas y bajas, quizás porque era en algún idioma ya olvidado. Y en un movimiento rápido y firme la vieja apoyo la mano cortada contra la herida del indio. El sintió la sangre caliente de su amor. Ella sintió algo tibio que luchaba por no irse.
Y ambos cerraron los ojos.
Colores y música volaron por su alrededor. El suelo de esfumo y todo lo físico pareció desvanecerse. Vieron árboles y chozas que no conocían, personas blancas vestidas con atuendos extraños, se vieron de mil formas. Presenciaron peleas y encuentros, muertes y nacimientos. Hijos que hacía años que no se encontraban entre los vivos. Muertos que caminaban a su lado con otros rostros. Pero se reconocieron, sus ojos siempre notaban el mismo brillo, sus labios transmitían la misma vibración, vieron una y otra vez sus caminos. Los cuales se cruzaban, siempre.
Y su cuerpo se sumió en un estado sublime que ni la planta más poderosa de la vieja shaman podía provocar. Una vibración que le recorría toda la superficie de su piel y que penetraba en su cuerpo. Ambos notaron al otro y lo reconocieron.
Cuando despertaron el sol lo iluminaba todo.


jueves, 28 de enero de 2016

Rehabilitación

Descubrí que las personas se acostumbran a vivir y terminan no viviendo.
Se complican la vida por cosas que ni siquiera saben si van a pasar, actúan como si se pudiera dominar los hechos, cambiar el destino. Como si la vida estuviera en sus manos y ellos fueran dueños de ella. Entonces cuando las cosas no salen como las planean, como diagramaron con mucho stress y trabajo, se enojan y culpan a su Dios, a los demás, a sí mismos. Comienzan a odiara todo y a todos. Culpan a la vida misma de ser injusta y mala. Como si aquello pudiera resolver algo.
Están ciegos, gordos de una forma de vida chata y monótona, son cobardes de lo nuevo y ajeno a reconocer los milagros que continuamente ocurren.
Sus sentidos no sirven para apreciar lo que realmente es hermoso y tiene valor, dejan de ser felices por poner sus esperanzas en algo que, seguramente, los va a poner realmente dichosos, ese algo que siempre está a días meses y años, aquello que siempre está lejos.
Luchan por quimeras que siempre mutan, nunca son suficientes. Mientras tanto niegan su esencia más pura y se lastiman desconociendo su propio ser.
Pienso que toda persona tendría que renacer a los 30 años, volver a caminar, mover de a poco el cuerpo, aprender a comer solo, bañarse. Volver a luchar por las cosas más simples y cotidiana. Estar sin la luz del sol por un buen tiempo, extrañar aquel calor, la libertad de hacer lo que uno quiere sin depender de los demás.
Y así, como fénix, resurgir de las cenizas. Volver a caminar solos, apreciar el logro de ir hacia un parque y ver la luz del sol. Bañarse solo e incluso ir al baño sin necesidad de ninguna ayuda.
Cada ser humano tendría que rehabilitarse de la vida, y saber lo que una vez se luchó para eso que ahora se torna común y sin ningún valor.
Apreciar cada paso que uno hace, cada día, sin pensar en que mañana pase algo, porque nadie nos asegura eso.
De esta manera se disfrutaría el hoy, se valoraría más las cosas, entenderíamos más lo que realmente importa. Un abrazo, un beso, una cena con amigos. ¿Acaso alguien nos asegura todo eso de por vida?
¿Alguien acaso puede decir que mañana va a vivir para realizar todo su día de rutina básica? Nadie puede. Pero lo que todos tenemos es el ahora, el presente. Este mágico instante en donde te encuentras leyendo esto, porque tienes ojos para ver, medios para llegar acá.
Por cada cosa que sale mal, existen miles que salen bien, pero uno no las ve, porque esta acostumbrado. Piensa que jamas pueden faltar, que es inmune al destino.

Reconocer todo lo que ocurre y disfrutarlo, sin pensar en el mañana, saber que nada puede ser modificado, ahí está la solución a todo.

jueves, 21 de enero de 2016

Dimensiones.

De pronto todo cambia y las personas pierden su color. Uno las mira como extraños seres cuyas acciones carecen de significado… y es que nada importa realmente cuando uno está vacío.
En vano se busca lógica en donde de pronto todo es absurdo, las palabras se distorsionan y no avanzan. Y los ojos estallan cuando la mano acaricia algún objeto antes amado el cual ahora parece absoluto e inerte, perdió la luz q tenia, el interés; ya no entretiene, ya no logra que nos sintamos plenos. Aquel vacío del pecho nada lo llena.
¿Acaso seguimos siendo los mismos? Claramente no ¿cambiamos, o simplemente al caer la careta de la ilusión se muestra lo que se es? El alma cruda y desnuda, es ser humano como animal frio y salvaje. Ajeno a la sociedad q trata de comprenderlo y ayudarlo. ¿Ayudar en qué? ¿Van a devolver aquello que se perdió?, ¿acaso van a volver a pintar las flores y los sonidos?
Igual uno los mira desde ese otro lado y vive su dolor de la forma más íntima posible. Pensando que jamás se va a volver a reír, que la música nunca sonara y que la comida ya no llenara. Ve personas que supuestamente superaron todo pero uno sabe que en realidad lograron modificar la marcara para poder sobrevivir. Pero por dentro siguen huecos, lastimados. Aquello que los abandono todavía sangra y darían toda esta nueva vida por volver a tener aquello que los ilumino en su momento, aplaudirían y reirían fingiendo que todo aquello tiene sentido para que la fosa sin oxígeno que existe en su interior se llene nuevamente de esperanzas, proyectos y futuro.
Desde acá todo se ve diferente, quizás veamos algo que no sea real, quizás vivamos en la realidad. Sentimos que las ganas se esfumaron como las hojas en invierno, y no somos más que un seco árbol esperando ansioso la primavera que sabemos no llegara.
El dolor es una pared que nos hace percibir todo de manera trunca, nuestros sentidos se ven influido por aquel, estamos pero como un ser ausente. Somos los focos de lastimas y murmuraciones.

Y mientras nos cerramos en aquella burbuja oscura, el resto de las personas viven su vida, y soportan su propia burbuja, porque aunque nos sintamos en un plano opuestos, todos estamos en el mismo, pero lo vemos diferente.