miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mil pieles.

Y yo sé que esta vida nos dará otros motivos para seguir, que más adelante miraremos atrás para reír. Lo sé.
Sé que todo es pasajero y que los bienes son del cuerpo, el cual no es eterno como nosotros. Sé que las risas quedan porque llegan a nuestra esencia real, y que por más que no lo queramos ver, estamos acá de paso. Momentáneamente para curarnos.
Y está bien confundirse a veces, un caballero no es la armadura que tiene, ni la serpiente es la piel que desprende. Somos más que eso, pero no lo vemos. Lo se mi amor y al no verlo adquirimos los problemas de la armadura, la cual es momentánea pero que solemos verla más importante que nosotros mismos... muchas veces hasta pensamos que somos esa armadura...
Por eso, alma mía, no te preocupes que esas cosas pasan, porque lo nuestro queda. Que moriremos miles de veces antes de pasar a otra experiencia. Con nuevas alegría, retos y mil formas nuevas de expresar nuestro amor.

Hoy nos tenemos en carne, mañana nos tendremos en alma.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Pensamientos.

¿Sabrá el viento que no es más que suspiros?
¿Acaso la lluvia sospechara que su esencia no es más que lagrimas?
Y es que la naturaleza no sabe que es del hombre ¿o nosotros somos de la naturaleza? O quizás nuestra piel no sea más que tierra
Que nadie nos vio nacer pero miles de animales y platas nos van a sobrevivir, que en una tormenta los arboles bailan de alegría al ver al hombre acobachado.
¿Sabrán los hombres que en sus ojos hay agua de mar? ¿Que su propia vida no es más que un latido del universo? ¿Que la mujer existe para que sepa lo que es la perfección?
¿Que nada de lo que existe le pertenece pero que el mismo es parte de todo?
Tal vez encuentre alguna vez la verdad, y comprenda que nada de aquello es eterno más que su ser, que los golpes quedan en el cuerpo pero los besos en el alma; que nada de lo que piensa que es amor es real.
¿Sabrán los animales que son dueños de todo? Sí, eso sí lo saben, pero no lo demuestran para seguirle al hombre el juego. Como una madre que juega con su hijo, aunque ese juego la lastime.
¿Sabrá el amor que él se humano no lo conoce? ¿Que lo bastardea constantemente?
Quizás la mujer sospeche que en su piel están todos los secretos, tal vez algún día deje de suspirar y el viento deje de existir.


martes, 28 de julio de 2015

Entre vidas

Quizás no exista primera ni ultima vez para sentir esto, quiero solo decir lo siento, o quizás sea un deseo desesperado en mi locura solitaria.
Nada importa si no lo comprendes, habrá otras vidas para abrazarnos, otras luces que nos iluminen.
Ya romperemos otros corazones, buscando algo que seguramente no entendamos.
Canciones y olores que permanecerán más allá de los cuerpos, y que volverán como sueños lejanos e incomprensibles, de los cuales despertaremos confundidos y con una nostalgia vieja. Pensando que quizás en algún lugar, alguien está sintiendo lo mismo.
Porque en esos sueños podremos vernos, y nos abrazaremos sin cuerpo, para que nuestro lazo no se corte y siga existiendo la esperanza de que existamos realmente en algún otro lugar.
Si te vas tratare de no pestañear y que las nubes no tapen lo que algún ángel pensó que sería amor.
Y mientras las camas pasen por nosotros y millares de cuerpos nos crean fantasía, nosotros seguiremos vivos por el otro.
Por ahora somos desconocidos, ajenos cuando fuimos dueños. Nuestras historias vagaran por los suspiros de algún poeta o morirán entre las raíces de algún árbol soñador.
¿Pensaste alguna vez en mí? ¿Yo acaso pensé en ti?
Quizás muramos otra vez antes de descubrirlo… y todo empezara de nuevo…

Si nos llaman siempre responderemos y a quienes nos sostengan, amaremos; sabiendo que quizás no estemos haciendo lo correcto cuando entre lagrima digamos sí.

lunes, 8 de junio de 2015

El niño esqueleto

Al niño lo miran, porque es interesante. Al niño lo miran porque sufre algo que nadie quiere sufrir, él vive de la diversión ajena… porque alguien tiene que entretener.
El niño de ojos negros camina como puede, con sus delgadas piernas recorre los caminos. Y la gente lo ve, lo mira. Reconforta no ser como el niño. Tener hogar y cama. Tener.
Las sonrisas ya no pertenecen al mundo del niño, que vaga sin motivo de dicha. Esperando un aplauso que desprenda un pan. Ojos asombrados que cubren espanto. Manos flacas que se juntan para recolectar el poco trigo que los que se ganan el reino de Dios dejan caer.
El niño duele. Y a veces queda mal. Entonces fulanos anónimos y madres sin vientres lo apartan para que no moleste. Y el niño queda guardado en el frió. Limpiando su rostro con agua de sal. Apoyando sus sueños en almohadas de ladrillos. Mirando otros niños con almas, con padres.
Y así el niño deja de ser niño, y es número, recurso del obsceno.
Y uno se olvida del niño para ser feliz, para que la conciencia nos deje disfrutar de lo fugaz, y que un presente espirituoso nos colme. Que la mente aparte aquel rostro de cuencas oscuras y pómulos chupados, para no ver lo que no nos interesa cambiar. Para poder dormir otra noche más, y lamer sin asco nuestras llagas de miseria.
Pero el niño no está solo, lo siguen los fantasmas de otros niños, que durante las noches de hambre le hablan y le cantan. Para que por unas horas existan realidades de colores y gente con ojos sin lastima y sonrisas sin hipocresía.
Y ahora que el niño duerme alejémonos, para que al despertar piense que fuimos otro sueño alegre.

Apaguemos la máquina y sigamos con nuestras vidas.

sábado, 6 de junio de 2015

Orilla.

La luna iluminaba el mar haciendo que la espuma pareciese plateada. El sonido se fundía con el viento completando un paisaje sobrecogedor.
La playa era extensa y en cientos de oportunidades había estado descansando, con amigas y con el… pero ahora era diferente. Ahora quería olvidar, ahora quería desgarrarse del mundo. Desaparecer de él.
Nada parecía bonito, nada la llenaba.
Con un golpe de talones le indico a Gaspar que aumentara la velocidad, lo había montado sin silla. A pelo. De ese modo lo sentía más libre. Y, de todas maneras, quedaría libre después de esa noche.
Sabía que aquel caballo la extrañaría, pero podría sobrevivir sin ella. Seria libre o en todo caso alguien más lo adoptaría. Todo seguiría su curso, el destino sabría qué hacer y ella también.
Sus lágrimas resbalaban por las comisuras de sus ojos, secándose antes de llegar a sus oídos. En algún día pasado habría podido apreciar la excelente noche que había, apreciar la luz de la luna, sin la cual le hubiese resultado muy difícil llegar hasta ahí.
Se encontraba ya muy lejos del pueblo, lejos de todo. Solo se encontraba ella, Gaspar y el mar, detrás la arena se extendía por cientos de metros de médanos hasta un espeso bosque.
Piso la arena y la humedad fría le dio un escalofrió, todo resultada tan irreal y vivo a la vez. Como extraído de alguna novela de amor, la dama dolida que quiere alejarse del mundo…
Gaspar acerco su gran cabeza como queriéndola convencer de quedarse, que aquello no valía su pena; que el  la necesitaba; pero ella, apoyo su lado derecho del rostro entre sus ojos, eliminando cualquier esperanza del animal.
Y por un instante en aquella noche fueron ellos solos en el mundo, ambos se sentían y se dolían. Ella abrazo la cabeza del animal y mas lagrimas se derramaron sobre su mejilla para morir en el hocico negro de Gaspar.
Una brisa proveniente del mar la hizo volver a la realidad, se enderezo dando media vuelta y se encamino hacia las espumosas olas. Su vestido azulado ondeaba con el viento junto con su cabello rubio. Ya no había lágrimas en sus ojos sino una mirada fría y llena de una convicción oscura. Gaspar relincho tras de ella en un signo de protesta.
El mar finalmente toco sus pies y el frio la hicieron estremecerse de nuevo. Paso a paso fue avanzando mientras miles de recuerdos luchaban por hacerla volver.
Amor no hagas esto”…  aquello la hizo morderse los labios y contener un grito de angustia. Aquellas palabras provenían de alguien que no existía ya, sino en sus recuerdos, en mil fotos, en sábanas con aroma joven y en cartas manchadas de mate. De lo que no vivía no podía hacerse un futuro, de lo que Dios quita no puede haber un presente.
Una ola baño sus rodillas, el borde del vestido ya mojado comenzaba a pegársele en las piernas. Notaba, muy lejos, a Gaspar que relinchaba y chapoteaba. La luna seguía como un gran farol iluminando, como fiel testigo de un momento único en el la vida de una persona. Intrusa impune de la intimidad más cruel de un ser humano.
“Volver…”  
-¡NO!- grito y su voz resonó en la solitaria playa- déjame en paz.
Aquella última palabra se ahogó en un espasmo de llanto que la hizo cubrirse la cara. Grito. Ahí nadie la miraba con lastima, no había manos en los hombros ni pésames de compromiso. Sus gritos eran de ella, llenos de bronca e impotencia. Cerró sus manos y los puños comenzaron a chocar contra la superficie del mar, salpicando agua y generando gotas de brillo que la luz de la luna generaba.
En cada golpe liberaba más y más angustia hasta que sintió que su alma estaba vacía. Y entonces, con el vestido azulado completamente mojado al igual que el pelo, decidió avanzar sobre las aguas hasta que el mar decidiera por ella.
La temperatura del agua atenazaba sus piernas y sus pies, los cuales sentía como algo débil, próximo a desaparecer. Su respiración comenzó a entrecortarse cuando el agua llego a su cuello. Ya casi no hacia pie. Aquello resultaba más difícil de lo que suponía.
Por primera vez un miedo oscuro le surco la mente. Oyó lejano los chapoteos de Gaspar que desesperado intentaba rescatarla y quiso que eso no fuera real. Deseo con todas sus fuerzas que nada de aquel último mes hubiese existido. Pero una ola nuevamente la devolvió a la fría y horrible realidad. Apretó los labios y se lanzó nadando hacia mar, quería llegar lo más profundo posible y así todo sería más rápido.
Temblaba pero el movimiento de las brazadas y las patadas lo disimulaba. Sentía su corazón desbocado inundado de bronca, tristeza y miedo. A su alrededor solo existía el mar negro; las olas habían disminuido al alejarse de la orilla. Notaba el sabor salado del mar en su boca, le costaba respirar, pronto estaría con el…
De pronto algo se movió delante de ella. Paro de nadar y comenzó a mantenerse a flote realizando movientes circulares con sus piernas y brazos. Tantos años de natación daban sus frutos por fin.
Aquel movimiento se había producido más exactamente unos metros a su izquierda pero fue lo suficientemente fuerte como la que ella lo sintiera. Algo se movía dentro del agua el mar estaba calmo y lo podía notar.
Y fue cuando emergió del agua. Ahogando un grito vio un gran ovalo negro iluminado por la luna, estaba lleno de protuberancias blancas que parecían piedras. Jamás había estado ante algo tan grande e imponente. Aquello se mantuvo flotando en la superficie del mar. Podía escuchar que respiraba profundamente.
El animal se movió y la luna ilumino un gran ojo que la miro pasivamente. Se quedó pasmada viendo aquel magnifico animal que inmóvil sobre el agua la miraba.
De pronto pasaron frente a sus ojos imágenes que le provocaron un nudo en la garganta y le nublaron los ojos… por un instante dejo de estar en el frio mar luchando cada vez con menos fuerzas para flotar, su cuerpo volvió a vivir los besos, su mano volvía a tomar la de el…
“No…” No.
No era lo que él hubiese querido… nada de aquello era lo que ninguno de los dos planeo. ¿Qué estaba haciendo?
Se vio flotando con la piel blanca y aquel vestido azul que él le había regalado hacia tantos años… se vio pero no era ella sino que era el… lo vio con su barba crecida de tres días… con ojeras que le manchaban su hermoso rostro. Veía la angustia y la tristeza en sus ojos… lo vio rendirse y quiso detenerlo. Comenzó a gritar con toda su alma, el cuerpo comenzó a dolerle mientras veía como él se hundía en el mar negro, siendo sepultado por olas tranquilas.
Él se había rendido… ¿acaso no la escuchaba?
De pronto el agua tapo su rostro e impulsándose con sus brazos logro salir a la superficie. La ballena seguía allí observándola. Y supo que tenia que volver… ella no hubiera querido que él se rindiera así…
Pero era tarde para su cuerpo, un calambre le atenazo la pierna derecha y sintió como se hundía mientras que el agua helada le tapaba toda la cabeza. Sus pulmones comenzaban a necesitar más aire. La desesperación la invadió y sus brazos comenzaron a golpear la superficie. La perna le dolía de forma que jamás había sentido y comenzó a experimentar que aquel dolor se propagaba por su cuerpo.
“voy a morir mirando la luna” pensó mientras nuevamente el agua le tapaba el rostro, hasta que con un grito de fuerza sus brazos se elevaron sobre la superficie y al caer dieron contra algo duro, frio y peludo.
Se aferró al cuello de Gaspar el cual agitaba sus extremidades de forma rítmica para mantenerse a flote. Y con sus últimas energías tiro y logro encaramarse sobre el lomo del animal. Abrazo su cuello y apoyando su rostro sobre la crin mojada observo como  aquel inmenso animal de profunda mirada desaparecía hundiéndose en el mar. Y antes de cerrar los ojos, vio la inmensa cola con forma de “Y” que se elevaba unos segundos sobre el mar provocando una lluvia de gotas que la luz de la luna hizo brillar, para luego desaparecer.
Volvía a la orilla donde un hombre la esperaba aunque ella no pudiese verlo.