viernes, 18 de julio de 2014

El espejo

El primer timbre la despertó, pero solo para hacerle abrir los ojos y comprobar que había alguien en la puerta; una sombra de pelo largo tras los vidrios nublados amarillos. Estaba a punto de apoyar nuevamente la cabeza en la biblioteca cuando el segundo timbre la despertó nuevamente y la hizo levantar con dificultad de la silla.
La puntualidad de las personas aveces la molestaban ¿no podían acaso llegar cinco minutos mas tarde?
Con ayuda de un bastón fue caminando a través del hall hacia la puerta. Los años le pesaban, pero en las rodillas, que cada día le dolían más. En el trayecto volvió a cuestionarse si aquello valía la pena. ¿No podía ya jubilarse a esa edad? Obvio. Claro que podía. Pero aquello le brindadla una felicidad que nada podía igualar, ni siquiera las horas frente al espejo lograban llenar su alma como aquello.
Se trataba de una joven de no más de 25 años, ojos grandes y vivos, pelo azabache que le pasaba los hombros.
--- buen día! Antonia ¿no?
Antonia tardo breves segundos en contestar mientras descubría si en sus ojos tan vivos había dolor, triste, curiosidad o simple morbo.
--- tu debes ser Florencia
---si, si la amiga de Carla…
Dolor. Era una muchacha bástate transparente.
--- pasa que hace frío--- le dijo mientras cerraba con llave nuevamente la puerta.
Sin decir palabra emprendió el camino hacia el comedor principal tras una arcada, el cual era dominado por varias bibliotecas, un piano negro y en el centro de la pared opuesta el espejo.
Florencia se quedo muda al verlo, las mil y un relatos de aquello no lograron que se forme una idea acabada de lo que era aquel mueble. Calculo que de alto media mas de dos metros y medio y uno y medio de ancho. Era imponente con marcos de madera tallada; hojas, garras, nubes, angeles y cientos de representaciones mas. Era el espejo mas grande que jamás había visto.
--- hermoso no? --- pregunto Antonia sentándose en una silla frente al espejo junto a una gran biblioteca.
---increíble… como…
--- párate frente a el… justo ahí--- dijo Antonia señalándole un punto a unos metros del espejo sobre una alfombra marrón.
Florencia obedeció y se miro en el gran espejo, pero como suponía no vio nada. Se miraba en una realidad que ella ya aceptaba paro que le dolía.
Sola.
Pasaron unos minutos hasta que Antonia rompió el silencio.
--- es un muchacho de tu edad--- su vos parecía un susurro pero era lo suficiente para que Florencia escuchara--- se siente lo unido que están, no se fue ni se ira.
Como Antonia sabia, esto quebraría a Florencia y un mar de lagrimas surcarían su rostro; era natural y así tenia que ser. Era un momento fuerte que no todas las personas estaban preparadas para experimentar.
--- como… que…
--- el espejo te muestra aquella persona que nos cuida, aquel ser que nos amo cuando estaba aca y nos ama estando alla--- Antonia explicaba esto con una ternura maternal.
--- ¿nos muestra nuestro ángel guardián?--- logro articular Florencia entre lagrimas.
--- no, nos muestra aquel ser que nos cuidaba en tierra y lo sigue haciendo desde allá. Un ángel es otra cosa, aunque es muy similar…
--- pero el no tiene que seguir su camino?
--- lo esta haciendo… a su manera. No esta haciendo nada que no tenga que hacer. La gente que se queda se siente muy sola y no lo esta, siempre hay alguien que nos guía sin que nos demos cuenta. No estamos solos.
Florencia lloraba sin sonido pero su emoción era inmensa; Antonia contemplaba al muchacho a través del espejo mientras este, a su vez, observaba a Florencia con un amor inmenso. Sus manos estaban apoyadas en los hombros de la muchacha pero obviamente ella no sentía nada.
Antonia dejo pasar los minutos, no le gustaba interrumpir, nunca se sabia cuando el espejo decidía cambiar la rutina
De pronto el rostro de  Florencia se ilumino y una sonrisa surco aquella cara congojada, se tapo la boca y una risa se confundió con un llanto.
Antonia supo que ella lo veía, no ocurría siempre, peor sucedía. El espejo hacia algún milagro cuando la persona se lo merecía; cuando el amor era verdadero.
--- hola mi amor--- dijo Florencia entre lagrimas.
Antonia sintió un pesar conocido y desagradable.
--- no te puede contestar, pero recorda que el siempre te escucha con o sin espejo.
Florencia asintió mientras contemplaba el espejo.
--- te extraño…--- el muchacho asintió desde el espejo y llevo su puño al pecho para luego señalarla en un gesto intimo; un código que ellos solos comprendían y que Antonia disfruto.
El tiempo no importo, ninguno de los presentes sintió la urgencia de apurar la situación, Antonia se quedo contemplando como Florencia se despedía en silencio del muchacho en el espejo. Hasta que aquel desapareció.
En los casos donde la persona podía ver a través del espejo se establecía una conexión donde se podía sentir a la persona, y sin palabras dialogar. Aun ahora después de tantos años Antonia sentía que le faltaba descubrir mil cosas del espejo.
Acompaño a Florencia a la puerta. Luego de las acostumbradas palabras de agradecimiento se despidió con una sonrisa en el rostro húmedo.
Antonia entonces volvió a su silla junto a la biblioteca frente al gran espejo.
Un hombre la miraba en el reflejo, estaba junto a ella y apoyado sobre la pared.
--- mama esta bien? --- pregunto Antonia.
--- si princesa, descansa.

Apoyo la cabeza en la biblioteca y se sumió en un sueño tranquilo.

3 comentarios:

  1. Me gustó, pero la palabra obvio me sonó un poco fuera de registro!
    Saludos

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  2. Como siempre, hermoso. Nunca dejás de asombrarme con cada relato Emanuel, siempre espero tus entradas con ansias. Un beso.

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