domingo, 22 de junio de 2014

Bajo la lluvia.

Y por eso salgo los días de lluvia, para que la vida me toque. Para no sentirme muerto, para que las lagrimes se confundan y por un momento parezca una persona normal. Quizás sea la lluvia quien limpie mi conciencia, mi alma y mi mente de aquello que no me deja dormir ni vivir.
No pretendo que me tengas lastima, ni que me teman; quiero que me perdonen, quiero redención, misericordia; quiero vida…
Quiero no despertar otro día, que mis huellas sean borradas de la faz de la tierra para que nadie cometa mis errores. Que no exista sobre este camino ningún aprendiz de mis falencias y que mi obra sea sepultada por el olvido en los archivos de alguna dependencia policial.
Que un rayo milagroso ilumine el cielo oscureciendo el mío, que los diablos que me susurran en sueños por fin me lleven entre tridentes y moscas, entre mandíbulas cerradas y gritos; a un lugar apartado de la existencia y de la alegría.
Quizás allí mis penas encuentren fin, mis manos sean limpiadas y mis ojos dejen de desarmarse a cada momento, donde mi culpa me deje comer y mis deseos estén iluminados por linternas de oscuridad.
Pido perdón a los que lean esto, no quiero dañar a nadie más. Fui y soy un error de la naturaleza. Lo se. Pero creo en que existe una redención para todos en algún punto de la vida. Quiero la mía.
Ruego a Dios que me escuche y que en su inmenso poder elimine mi existencia terrenal.
Y así no dañar a nadie mas, así alejarme de la sangre, del llanto ajeno que tanto me alimenta, del aroma a miedo que me excita y de los ojos suplicantes que se dilatan ante mi presencia.

Por eso camino bajo la lluvia, porque purifica, porque son caricias de Dios y en mi enfermedad aun guardo una esperanza que, donde quiera que este, el se acuerde de mi.