sábado, 5 de octubre de 2013

En un rincón de la conciencia

La iglesia se le antojo muy grande esa vez. Se dirigió por el lado izquierdo; su preferido. Avanzo unos metros contemplando los dibujos y escenas de redención y milagros. Hechos tan lejanos a el que le provocaron una sonrisa.
¿Que parte de todo eso era real? ¿Acaso esa iglesia seguía en pie?
Todo resultaba lejano, pero muy real.
No se percato de ninguna presencia y si acaso hubiera habido alguna no la hubiese visto. Solo estaba su conciencia y el vacío de la iglesia; su alma y el espacio de la muerte.
Como en un sueño vivía todo a des tiempo, su mente viajaba de a momentos sin siquiera quererlo, solo se dejaba ir, volaba, personajes y momentos se cruzaban, los revivía.
Llego al octavo banco y se sentó en medio, frente a el, a mas de quince metros de distancia, se imponía el gran altar; una mesa de mármol frente aun cristo crucificado, clavado en una enorme estructura de madera que contenía, además, a María, José y otros personajes bíblicos que el no pudo distinguir. ¿Porque estaba allí?
Contemplo ese sitio por un tiempo que solo el manejo, la cantidad de misas que lo tuvieron preso en ese sitio eran incontables; rituales vacuos, teatros frente a un publico obtuso deseoso de ser engañados con la magia de la fe. El era parte de todo eso ¿acaso lo seguía siendo?
No, ya no.
Ese lugar vibraba en una frecuencia muy baja  para el, lo sentía pesado, se arrastraba en su ser; le era amargo y mentiroso; olía a codicia.
A su derecha había un pasillo libre y luego otra fila de bancos aparentemente vacía… pero no era cierto, el no estaba solo en aquel sitio.
Aquella fila de bancos alargados de madera oscura contenía una bruma que no se dejaba ver. Sin ninguna explicación se impulso hacia el frente y quedo arrodillado en una tabla de madera adherida al banco que tenia en frente.
Esa posición le llevaba a lugares mas lejos aun, momentos olvidados en el tiempo, reuniones con personas que ya no recordaban ese día, esas horas habían muerto en el olvido.
Pero estaban ahí para que el las reviva. Oraciones, velas, mantras hacia personajes milagrosos. Nada de eso tenia que estar allí en ese momento, tenían que quedarse en su sitio, en ese lugar destinado a los recuerdos que uno prefiere tener apartados, no olvidados, sino simplemente lejos.
Volvió a la iglesia donde la presencia de aquella bruma se había intensificado, temía mirar, estaba allí de eso no había duda.
Aquel lugar le había otorgado refugio y contención durante años, vientre de amistades y amores, consejos y risas, llantos y abrazos, había sido su hogar, pero ahora era diferente, le daba  miedo; lo aterraba. Aquella presencia le hacia vibrar todo su ser.
Sintió movimiento en la bruma, pesuñas golpeando el suelo de mármol. Quiso contemplar la crus y su cristo pero no había nada allí. Los clavos no contenían a nadie. Supo que estaba solo, que dependía de el.
Aun de rodillas junto las manos y apoyo la frente en ellas. En una actitud de oración profunda.
Invoco a sus padres tan lejanos en el recuerdo, sus hermanos, sus hijos…
Suplico por fuerza, por luz… y la luz llego.
Se puso de pie y enfrento la bruma, la cuela ya tenia forma, una horrenda investidura que casi lo derriba.
Aquellas pupilas rectangulares lo miraron fijamente, lo conocían, lo deseaban. Esa mirada amarillenta le provoco asco y por un momento sintió perder todo cuento tenia.  Era un ser horrendo con cabeza de animal, frío y sin vida, profano y obsceno. Su mandíbula estaba en una mueca idiota, que dejaba ver dientes cuadrados y opacos.
La oscuridad lo envolvía, aquel ser estaba ganando. Sintió su regocijo  y no lo soporto, tenia que irse de aquel lugar.
La iglesia comenzó a distorsionarse ante el, y un sonido de voces comenzó a sonar en su cabeza, gritos y gemidos comenzaron a llenar todo el lugar. El pánico amenazaba con sucumbirlo cuando salido del sector de los bancos.
Aquella figura lo seguía mirando, su cuerpo era alto pero desdibujado, sin embargo aquella cabeza seguía siendo nítida de una forma grotesca, cada pelo de aquel rostro, cada cuerno era vividamente real.
De pronto nada tuvo sentido más que el salir de ese lugar, ya no importaba quien era sino quien iba a ser a partir de ese momento. Giro y viola salida.
Un rectángulo blanco  brillaba en medio de la oscuridad, a lo lejos un murmullo comenzó a oírse.
Avanzo. Aquel rectángulo se balanceaba conforme el se aproximaba, aquella presencia no remitía. Sus ojos seguían una ruta fija, alrededor todo se difumino; los bancos y las pinturas se distorsionaron fundiéndose con la bruma.
Se dio cuenta que aquel murmullo se había convertido en gritos y lamentos, muchos de los cuales pronunciaban su nombre. Escucharse lo paralizo. Por primera vez sentía miedo.
El espectro de pululas rectangulares lo llamaba por su nombre, sus piernas no le respondían. ¿Acaso así tenia que ser? Un voz pastosa le respondía que si.
Pero algo se movía en aquel rectángulo blanco, ¿había alguien allí? Percibió por el rabillo del ojo una silueta y sintió dentro de su ser aquel ser con pezuñas agazaparse. Le temía. Sea lo que fuere aquella silueta, ejercía un poder sobre el espectro negro.
Avanzo hacia el rectángulo y media docena de manos sujetaron sus antebrazos, el terror lo recorrió todo. Lo querían dentro de aquel sitio. Trato de luchar contra las manos pero cada vez surgían nuevas que lo sujetaban más y más. Los gritos lo ensordecían.
 Se apagaba y encendía, se enfriaba y calentaba; aquellas manos parecían talladas en hielo y por un momento no pudo verlas.
Pero algo estaba encendido dentro de el, por un instante lo percibió, una parte de aquel resplandor blanco se hallaba dentro de el; fue una chispa muy pequeña que percibió detrás de los ojos, pero fue suficiente para saber que aquella oscuridad le era ajena.
Cuando supo con toda certeza que lo lograría la oscuridad se convulsiono, se distorsionaba luchando por seguir existiendo en su conciencia, pero el ya no creía en ella. Aquel horrendo ser ya no tenia poder sobre su ser, había sido desterrado de la razón.
Sin aquellos vestigios de mortalidad fue pleno y la paz lo envolvió. Supo que aquello que experimentaba no seria el fin, y su alma se regocijo.