sábado, 24 de agosto de 2013

Regreso

Lo primero que sintió fue el frío piso de piedra. Estaba de espalda y desnudo.
Su mente era una nebulosa con mil pensamientos que iban y venían, le costaba concentrarse pero en el fondo sabia lo que estaba sucediendo.
Por unos minutos permaneció así, aceptando el ambiente; dejando que su nuevo cuerpo valla adaptándose poco a poco al ambiente hostil que le había tocado en suerte.
El dolor le resultaba una sensación curiosamente nueva y ajena.
Recordó con nostalgia las advertencias de lo doloroso que aquello podía llegar a ser; pero el lo había decidió así, y así tenia que ser.
Lentamente abrió los ojos y luego de unos segundos de pura bruma pudo distinguir un cielo plomizo; el viento frío hizo que los cerrara de nuevo.
“Todo va a pasar” se dijo, y sabia que era cierto; en cuestión de minutos todo quedaría olvidado, no sabría ni quien era ni que hacia allí. Eso era necesario, todos olvidaban quienes eran al volver. Pero era cuestión de tiempo para que todo se acomode, el destino suele tener modos extraños de conducir la vida.
Por un momento su mente se fijo en el alma que había ocupado aquel cuerpo antes que el. ¿Qué abra sido de ella? ¿Encarnaría nuevamente? Era imposible de saberlo, por lo menos momentáneamente.
Intento recordar cual había sido su último cuerpo pero todo comenzaba lentamente a confundirse.
Con ayuda de los brazos logro sentarse y un fuerte mareo lo invadió. Espero a que la sensación pasase y se arrastro hacia atrás, hasta que su espalda todo una pared. Se apoyo en ella.
La pared estaba húmeda y fría, como todo. El viento arremetía cada vez con más fuerza.
Abrió nuevamente los ojos y frente a el se hallaba una pared de ladrillos cubierta por moho verde.
“Un callejón” pensó mientras bajaba la mirada hacia sus pies desnudos junto a un manojo de tela verdosa, no los sentía por el frío, la helada que caía sobre su cuerpo era fuerte.
Trato de concentrarse en su objetivo pero comenzaba a difuminarse.
Acepto esa sombra que comenzaba a cubrir su mente como si se tratara de una amiga; la luz, la paz, todo quedaría momentáneamente en el olvido mientras que el terminara de… ¿de que?
Ya no podía recordar.
Una luz intensa ilumino todo por un instante y segundos después un fuerte estruendo sacudió todo, los truenos le eran familiares, algún recuerdo escondido quizás… tampoco lo recordaba.
Sintió movimientos a su derecha, giró la cabeza y contemplo un calle desierta; del otro lado se alzaba un edificio blanco con puertas de vidrio y ventanas altas.
Lentamente sintió como las gotas de lluvia comenzaban a mojarlo, primero fueron algunas aisladas, luego la cantidad se intensifico para terminar siendo un aguacero.
Tuvo un fuerte ataque de tos que le provoco un intenso dolor en el pecho, había comenzado a temblar cuando escucho el ruido muy lejano de una puerta al cerrarse.
Una mujer gritaba, se escuchaban pasos chapoteando en la acera. No podía distinguir bien de donde provenía, la lluvia lo cubría todo.
Su mente era un torbellino de cosas sin sentido, los minutos se borraban así como pasaban.
Súbitamente aquella presencia femenina se inclino a su lado; el notaba su angustia, su desesperación, decía cosas que no llegaba a comprender.
Ella lo abrazo apoyando su cabeza sobre la de el, aquel contacto le resulto tibio. Aun no había visto el rostro de la mujer que seguía hablando, la lluvia caía sobre los dos empapándolos cada vez más.
Llegaron otras personas que el distinguió como borrones blancos; lo levantaron y lo acostaron sobre una camilla, la cual comenzó a moverse de forma rápida. Sentía su cuerpo dormido incapaz de moverlo por si mismo.
Otros relámpagos iluminaron el cielo y le permitieron ver con mayor claridad las facciones de aquella mujer, largas y finas; ocurrió una chispa al reconocer algo familiar, le brindaba cierta emoción que no lograba descifrar.
Entraron a una recepción muy iluminada con paredes blancas donde se percibía mucho ajetreo de gente y cosas.
--- ¡Aguanta un instante mas mi amor! ¡Por favor no te vallas de nuevo!--- Ahora bajo techo, podía apreciar mejor las facciones de la mujer, y corroborar además que lloraba, su rostro reflejaba una mezcla de alegría y temor; sus ojos lo miraban como si se tratase de un milagro--- ¡por favor quédate conmigo!
Su voz sonaba suplicante y por momento temblorosa.
Para ese entonces el no sabia absolutamente nada de quien era y que hacia allí; simplemente se dejaba llevar como en una montaña rusa; se entrego completamente a aquellas personas y sobre todo a esa mujer.
Doblaron por un pasillo y la mano de ella se poso en la de el y algo se ilumino en su interior, como un tronco que se prendía fuego y lo calentaba por dentro. Era hermoso. Sintió una paz que le era conocida, ese contacto le pertenecía, le correspondía, lo completaba.
Un flujo eléctrico corría por ese contacto, uniéndolos, identificándolos, alimentando una energía que le desbordaba el pecho.
Supo que, sea cual sea su propósito allí, aquella mujer iba a ser parte de ello; supo que no estaría solo y sonrío.



martes, 13 de agosto de 2013

El angel

Martín no entendía porque los adultos lloraban; con sus 5 años el mundo solía ser muy extraño y por momentos lo dejaba solo.
El ultimo día que vio a su padre fue uno de esos; por primera vez vio a su madre llorar al igual a un montón de personar que el tenia como enormes, imponentes, que todo lo podían; y ahí estaban sin mas, llorando como niños, olvidándose de todos, olvidándose de el. Ese día fue también cuando apareció Esteban.
Pero el no lloraba en ese momento; no entendía el motivo de todo ese revuelo; la mañana había comentado extraña, con muchos viajes y gritos. Fueron momentos donde se convertía en un paquete que todo el mundo sostenía, manejaba, apretaba, besaba y llenaba de lágrimas y mocos ajenos.
Cuando por fin todo parecía calmarse su madre lo alzo.
--- Saluda a papa Martín--- le había dicho mientras lo inclinaba sobre una cama con sabanas blanca donde su padre dormía. Era una habitación fría que olía raro.
Fue el beso más feo que alguna vez dio, la mejilla de su padre estaba fría y con la barba crecida, al instante supo que ahí no estaba su padre.
Luego de esa escena le siguieron  más viajes y más apretones, nadie parecía notarlo.
--- Porque todos actúan tan extraños—le pregunto a Esteban cuando por fin lo habían dejado solo.
--- Tu padre se fue y ellos tratan de entenderlo
Estaban en el jardín de un lugar lleno de flores y velas, Martín sentía mucha tristeza en ese lugar.
--- ¿Y a donde se fue papa?
--- A un lugar muy lindo
--- ¿Puedo ir con el?
--- Vas a ir, a su debido tiempo
--- Y ¿porque todos están tan tristes?
--- Porque ellos no saben a donde se fue.
--- ¿Y porque no les dices?
--- Porque no escuchan
Martín se quedo pensando mientras que con sus pequeñas manos daba vueltas la punta de su corbata. La presencia de Esteban lo tranquilizaba. Con el no se sentía solo.
--- ¿Cuando va a regresar?
--- El ahora siempre va a estar junto a ti, aunque no lo veas.
--- ¿Siempre? ¿Ya no va a tener que trabajar?
Esteban sonrío.
--- Ya no.
--- ¿Y como no lo voy a ver mas? --- pregunto martín frunciendo las cejas.
--- Ya no, pero el va a estar contigo.
--- ¿Y como voy a saber que el esta conmigo? Si no lo voy a ver.
--- Lo vas a sentir.
--- ¿Y como?
--- ¿Sentís el viento?
--- Si
--- ¿Y lo ves?
Martín se lo quedo mirando; era tan simple que no entendía porque los adultos no lo podían comprender. Si tan solo dejaran de ignorar a Esteban…
--- ¿O sea que cuando sienta el viento va a ser mi papa?
--- Seguramente, lo vas a sentir aquí--- dijo Esteban tocándose el pecho --- solo tienes que aprender a sentir con el alma.
--- ¿Y yo puedo hacer eso?
--- Todos pueden hacer eso.
Su madre había salido de aquel lugar triste y caminaba hacia el.
--- ¿Por que ese lugar es tan triste?
--- Porque las personas de ahí están tristes.
Por unos instantes quedaron en silencio, solo se escuchaba las pisadas de la madre sobre el césped.
--- ¿Vas a estar siempre a mi lado Esteban?
--- Toda la vida.


martes, 6 de agosto de 2013

Ausencia

Te vas y yo me quedo. Te vas ¿lejos? ¿cerca? No lo se, simplemente dejas de estar a mi lado; ya no te toco, no te ven, nadie quiere hablar de ti, pronunciarte duele.
Te fuiste, te llevaron, te taparon, te arrancaron de mí, me quitaron el aire ¿acaso respiro? 
Me hablan pero ya ni siquiera veo, ya no estas, no hay nada para ver.
Te vas pero es mentira ¡ja! Como si eso fuera posible… pero me doles, me lastimas, me desgarra tu presencia que no esta, ¿me ves? 
Las paredes te se dilatan ante ti… tus ojos me miran por momentos pero son como mariposas que aleteando se van…
¡andate por favor! Pero volve antes que anochezca…
¿me hablas?  ¿Seguís por aquí?
Anoche hable de ti y mi voz me sonó extraña, el agua ya no me toca ¿sabes? ¡por dios cuanto te extraño!
A veces aparece alguien pero no quiero ayuda, te suelo ver por el cuarto pero siempre te vas y yo te lloro en todos los rincones y lugares de la casa. 
Ya no existe el afuera, el cielo exploto antes mis ojos, tu sigues aquí…
Quieren que te deje, que te abandone, pero no puedo; aunque seas tu la que partes, no me quiero ir.
Te veo de lejos, ¿tu también lloras? ¡Abrázame por favor!; solo mírame una vez mas, te lo suplico... ¡ya callence todo!
La comida me es ajena, siento que no siento nada más que a ti que brotas desde el fondo de mí ser y me desgarras en un alarido de dolor ¿Por qué doles tanto? ¿Por qué los días me son atemporales? Se mueven sin horas ni minutos, son solo un conjunto de escenas fuera de mí.
A veces te veo dormir a mi lado y te abrazo, tiritas entre mis brazos, ya no te brindo el calor de siempre, te fuiste y por más que te arropo con frazadas tu ausencia lo enfría todo.
Perdóname, el amor me hace egoísta, te quiero para mi, completa, única, sin maquillaje ni casco, libre pero mía, plena y brillante, mi luz brillante…
Vete si quieres, aunque me destroces y te lleves parte de mi alma; aléjate, pero se feliz….
Espérame, donde sea que vallas tu espérame, yo no creo soportar mucho mas, tu luz me ilumina, siempre lo hace y lo hará.
Aunque no sienta mi corazón se que late con el tuyo… te amo ¿sabes? Nunca lo olvides.
Vuela, vuela conmigo, llévame por las noches para que nos fundamos y ya no nos busquemos, riamosno de todos y de todo.
Te vas, te dejo ir, porque nuestras almas son libres y tú lo sabes bien, porque vallas a donde vallas yo te encontrare.

viernes, 2 de agosto de 2013

Blanco resplandor

El olor a tierra mojada le llenaba los pulmones y el barro le llegaba a la mitad de las botas.
Llevaba caminando poco mas de media hora y la bolsa de arpillera ya se le tornaba incomoda; mil veces se planteo la posibilidad de dejarla en aquel sitio, ya a esas alturas seria difícil encontrarla, o por lo menos tardarían en hacerlo. Pero no era lo que había planeado, no era el resultado de tantas horas de análisis.
No, nada de eso; la bolsa y su contenido tenia que llegar a su destino; y, de ese modo darle finalmente tranquilidad y paz.
Noto que su respiración era más agitada y pesada, la oscuridad ya lo envolvía cada vez más y más. Sin embargo no estaba perdido, conocía a la perfección aquel páramo, cada roca, cada esquelético árbol; sabia muy bien donde tenia que doblar y por que lugares no ir. Estaba solo, eso era seguro.
Llego a lo que parecía una pendiente muy abrupta, no más de tres metros, pero para sus ojos en aquella noche parecieron un abismo negro, profundo y eterno. Allí se encontraba la solución.
Aquel sitio oscuro y cerrado era capaz de absorber todo, de cubrir todo en el olvido, cicatrizar cualquier laceración. Aquel lugar lo salvaría.
Coloco la bolsa delante de sus piernas y por unos minutos quedo inmóvil recuperando el aire. Respiro hondo y levanto la bolsa con ambas manos; luego con un leve impulso la dejo caer en el vacío.
Fueron unos segundos donde el tiempo se detuvo; la sensación de victoria la envolvió, relajo todo su rostro formando unas facciones que al mismo lo hubiesen asustado.
Todo había terminado.
Aquel alivio le erizo los pelos y un escalofrío recorrió su cuerpo.
Había ganado; nadie lo detuvo.
Aquella sensación de victoria se deformo en soberbia, era superior; su trabajo iba a quedar en la total impunidad. Estaba punto de reírse cuando algo ocurrió.
La realidad se le presento con toda un realidad, fría y cruda.
Había sido un instante, segundos que fueron suficientes para que el lo viera. Vio la muerte de forma brillante, sangre que parecía plata. Aquel rostro sin vida que le había suplicado clemencia se iluminaba para mostrarle su obra.
Aquella luz blanca lo derrumbo.
Sus manos temblaban mientras sus retinas aun conservaban la figura blanca y muerta.
El peso fue demasiado y lo tumbo; el llanto fue repentino y lo ahogo. Su cuerpo se sacudía sin control, una carga muy pesada le contorsionaba el estomago provocándole arcadas.
Unas hora después aquella luz volvió a iluminar todo, pero el con su cuerpo aun en la tierra estaba demasiado lejos para verlo.