miércoles, 31 de julio de 2013

La niña y la bestia. Capitulo I

Capitulo I

Había una vez una niña que tenia una bestia.
La niña era considerada la más linda de la aldea, con sus doce años era la más querida y mimada por todos. Buena alumna, buena hija, siempre educada con las personas grandes y sobre todo siempre sonriendo, lo que embellecía mucho mas su tierno rostro.
Poseía una cabellera rubia que a la luz del sol parecía brillar como oro, y enmarcaba un rostro inocente de tez blanca como la nieve y ojos de un azul oscuro único en el lugar.
La niña cantaba, la niña jugaba, la niña era querida por todos; pero había algo que hacia que la gente murmure, algo que no era bien visto, algo que hacia que la gente al cruzarla se corriese. La niña tenía una bestia.
Existían cientos de historias que contaban el origen de aquella bestia, algunos juraban que se trataba de un pobre animal deforme, otros juraban que el un demonio que en cualquier momento haría quemar a todos y otro simplemente aseguraban que se trataba de algún pacto satánico de las brujas del sur.
Como sea la bestia estaba y a donde iba la niña la bestia la seguía detrás. Y cada vez que alguien le preguntaba a la niña de donde había salido, esta solo decía “es MIA” como toda respuesta, ni sus padres sabían de donde había salido y se limitaban a tratar de asimilarla imagen de aquel extraño ser en su casa.
Al principio nadie pensaba que iba a terminar siendo lo que se convirtió; cuando la niña apareció con la bestia se trataba solo de una masa de piel verrugosa que lloraba y gemía; “es mía, es mía” era toda respuesta. La niña la había alimentado con leche y posteriormente comenzó a darle carne. Los padres poco a poco fueron viendo en lo que la nueva “mascota” de su hija se iba convirtiendo, en poco mas de dos meses era un cuadrúpedo de piel grisácea  verrugosa; su cabeza asemejaba a la de un toro pero sus ojos no eran de ninguna especie de animal, blanco con pupilas negras, poseía una boca ancha con grandes y afilados colmillos que siempre asomaban, sus extremidades delanteras contaban con unas negras y largas, las posteriores eran simples pesuñas de caballo. Su cuerpo en general era muy fibroso y finalizaba en una cola largar y gorda; sobre sus puntiagudas orejas se erguían dos grandes cuernos grises donde la niña siempre ataba algún moño u alguna flor haciendo juego con lo que tenga ella.
A pesar del tamaño que tenía la niña lo alzaba y lo solía trasladar sin ningún esfuerzo.
La bestia no gruñía, no gritaba, no emitía ningún sonido, solo al caminar su respiración sonaba gruesa y gutural lo que la hacia mas tétrica. Sin embargo eso no era ningún motivo para que la niña no le hablase, los padres escuchaban que ella le hablaba durante horas enteras si entender si eso era bueno o malo.
A pesar de los comentarios y malos augurios que todos pronosticaban producto de aquella bestia infernal, nadie podía alegar anda en contra de ella; la niña era feliz a su lado y por lo que se veía la bestia también aunque su rostro no reflejase nada en absoluto.
La familia comenzó a notar con desagrado el rechazo que toda la aldea comenzó a hacerle, hasta una mañana  de abril.
La niña estaba en el bosque cercano a la aldea con las únicas dos amigas que no le tenían miedo a la bestia. A pesar de las protestas de las familias de ellas, siempre lograban escaparse e ir al bosque a buscar flores y alguna fruta si la época lo permitía; esa mañana se habían adentrado más de lo normal. Las tres niñas juntaban tranquilamente flores en un claro mientras que la bestia las seguía a pocos metros.
Cuando la primera niña grito el sonido hizo volar los pájaros del lugar, el gran oso de pelaje marrón oscuro se encontraba a poco menos de tres metros de ellas. De pronto el animal grito y finos hilos de saliva brotaron de sus fauces, las niñas estaba aterradas y el miedo las dominaba. Habían soltado las canastas derramando las flores por el suelo del bosque.
Cuando la bestia apareció detrás de las niñas el oso de puso de pie y comenzó a dar zarpazos en el aire, las niñas gritaron llevándose las manos a la boca. El oso superaba los dos metros y medio de altura y gritaba más fuerte que antes.
La bestia avanzo y a un metro del animal salto, las niñas se habían quedado sin aliento paralizadas viendo la escena. Los cuernos de la bestia atravesaron el pecho del oso mientras que este intentaba desgarrar con sus uñas la piel de aquella sin ningún éxito. Un gran quejido grave resonó en el bosque.
Todo ocurrió en menos de un minuto; la cabeza de la bestia se movió fuertemente hacia la derecha desgarrando de costado al oso y haciéndola caer sobre sus patas traseras. El oso se tambaleo entre aullidos tanto tumbos hasta finalmente caer hacia atrás en un charco de sangre. La bestia no tardo en echarse sobre el y utilizar sus mandíbulas.
Actúo con furia, con una energía nunca vista por las niñas, al poco rato el oso no era mas que un amasijo de pelos carne y sangre si ninguna forma definida.
La niña dio un grito, una orden y la bestia paro. “¡vamos, ya esta!”
El silencio fue absoluto mientras regresaban.
Volvieron caminando en silencio la bestia estaba bañada en la sangre del oso.
A pesar del impacto de la imagen, las amigas de la niña contaron lo ocurrido a sus padres quienes no podían creer que un oso de ese tamaño sea derribado tan fácilmente.
La historia corrió rápidamente por la aldea, el mito creció y se convirtió en realidad cuando un cazador trajo los restos del oso, un manojo de piel ensangrentada y sin forma.


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