lunes, 30 de octubre de 2017

Su peso sobre mi cama

Anoche soñé con una mujer, de floreado vestido y cabellos castaños. La vi sentada en el borde de mi cama, mirando la ventana que en ese momento estaba cerrada. No podría decir si yo era invisible para ella o si me ignoraba. Su mirada estaba fija, contemplando las cortinas bordo, como si de un hermoso cuadro se tratase.
Por un tiempo imposible de definir no me atreví a decir ni hacer nada. Sólo absorbí cada detalle. Me resultaba familiar de un modo muy nostálgico. Como si su presencia hubiera estado siempre, y mi alma recién ahora la reconociera luego de extrañarla en un silencio íntimo.
Y aunque la habitación estaba a oscuras podría ver su rostro de perfil, una extraña luz de luna me permitía definir cada detalle, haciendo que sus ojos brillen, fui testigo de una lágrima que naciendo en su mirada profunda, moría en la curva de sus labios como si de plata fundida si tratase.
Aquellos ojos seguían fijos en la ventana cerrada, como la había dejado la noche anterior.
En ese punto comencé a sentirme extraño, percibía mi cuerpo de un modo diferente, pesado pero de una manera liviana. Como si pudiera trasladarme a todas partes sin moverme de mi cama. Pero sólo había un lugar al que quería ir. Y era al lado de aquella mujer. 
Sus hombros descubiertos sobre un suave vertido de verano floreado me parecía toda la verdad que necesitaba. Mi vida como la conocía dejo de ser. Sentimientos extraños empezaron a germinar en mi pecho. 
Y como si llegara a un manantial luego de mucho tiempo sin agua mi cuerpo se encontró a pocos centímetros de el de aquella mujer, extraña e íntima, lejana pero que me generaba un sentimiento lleno de pasión.
Ella seguía sin mirarme. Al moverme las sábanas de la cama seguían intactas, nada las tocaba, lo que no ocurría con ella.
Llegué a centímetros de ella y el sentimiento de permanencia me llenó de euforia, estaba feliz. Ahí estaba ella, brillando bajo un halo de luz extraña y sin ninguna fuente de luz.

Entonces sobre mi ventana tomo forma otra; poco a poco detalles interminables comenzaron a llenar el espacio.
Al principio fueron marcar leves, pero rápidamente tomaron forma. Cuatro rectángulos de vidrio Unidos con varillas de madera blanca la cual brillaba con aquella luz blanca plateada.
Contemplando la ventana me acerco a la mujer y la abrazo por la espalda pasando mis brazos por su pecho y apoyando el mío en su espalda.
Aquel contacto fue la culminación de una larga espera. Como llegas a casa luego de un largo viaje. Rozar una piel amada luego muchas ajenas.
Nunca sentí como en ese momento. Una de sus manos se apoyó sobre la mía y en ese momento los vidrios de la ventana vibraron y traslucieron un paisaje q no había visto antes.
Vi un parque de un verde intenso, con algunos árboles y arbustos. En el centro había un niño con un conjunto corto de verano y  dos niñas de blancos vestidos jugando y riendo. Parecían ajenos a nosotros, corrían y daban vueltas sobre el pasto sin siquiera mirarnos.
La mano de la mujer presionó la mía, sentí en mi estómago una angustia que me conmovió. Deseaba estar con esos niños, jugar con ellos, cantar, pescar y andar a caballo. Quería cuidarlos y abrazarlos. Los amaba.
En un impulso me levanté y dirigí a la ventana, tome la manija y la abrí. 
Una brisa fresca y nueva me baño la cara y cerré los ojos para vivirla. Ya estaba muy cerca. Sentía q mi corazón se desbordaba de alegría y emoción.
Vi q la mujer se había puesto de pie y me corrí para dejarla pasar primero, ella seguía con la vista fija en ellos y pasó junto a mi sin mirarme.
De pronto por el rabillo del ojo percibí un movimiento, dirigí la mirada y reconocí una cama, mi cama. Las frazadas tenían la forma de la persona que cubrían. El pie volvió a moverse. Subí la mirada y vi mi rostro durmiendo con una expresión de asombro.
Mi corazón dio un vuelvo y me vi llorar dormido.
Me volví hacia la ventana y allí estaba ella, iluminada y con su floreado vestido. La reconocí y supe que la amaba y que jamás amaría a nadie como a ella.
Me miraba, por primera vez me miraba. Ella también me amaba, algo natural, de lo que nunca escaparíamos, porque siempre fue así y la eternidad lo prometía.
Sus ojos compasivos sabían que no iría, y estaba bien. Ninguno jamás podría reprocharle nada al otro. Nos pertenecíamos de una manera mucho más profunda que ni en mil vidas podríamos ver. 
-- Aquí estaremos ---  Dijo sonriendo, una sonrisa entre miles que jamás confundiría. 
La vi caminar hacia los niños que seguían jugando indiferentes a nosotros, vi su pelo ondear. Experimenté por última vez aquella desesperación por correr hacia ella y  sentir el aroma floral de su piel, la tibieza de su cuerpo. La seguridad que ella me da. La paz.
Retuve cada detalle de toda su esencia antes de cerrar la ventana y despertar.

sábado, 29 de julio de 2017

Sobre la inocencia

Por ese entonces vivía una bruja en el bosque, y no se trata de una leyenda pagana sobre una pobre mujer con una historia trágica que sufre de forma ermitaña la vida en el bosque.
Se trataba, si, de una mujer mayor, muy mayor. No había nadie en el pueblo lindero al bosque que recordara los días en donde ella vivía en el pueblo. Pero así había sido, según lo que ella misma contaba, en las contadas ocasiones donde hablaba de su pasado. Y, si bien tenia nombre, nadie la llamaba por aquel, sino que era conocida por la bruja del bosque o la señora del bosque.
Pero, como dije antes, esta bruja no daba miedo, era una vieja adorable de piel blanca y arrugas finas, ojos intensos y vivos. No había gatos negros ni verrugas, no viajaba en una escoba voladora ni tenía un caldero burbujeante de aromas extraños. Era simplemente una señora que hacia favores y cuidaba niños.
¿Problemas de salud?, ¿inconvenientes con su pareja?, ¿hijos desobedientes?
Ella podía encontrar soluciones para todo sin gastos, ella jamás cobraba nada, aunque aceptaba los regalos que le hacían con una amplia sonrisa. Y aunque muchos desconfiaban de sus trabajos, todos en el pueblo le debían más de un favor.
Su cabaña no era de chocolate, sino una simple construcción en madera con techos bajos. El interior era cálido, lleno de velas e inciensos, además de muchos libros sembrados en búsqueda de alguien que los descubra.
Todo aquel que la visitaba, lo cual ocurría a diario, salían con esperanzas en sus ojos y con un perfume dulzón en la ropa. Lo que decía era verdad y lo que realizaba efectivo.
Pero cuando cuidaba niños las cortinas estaban cerradas.
Todos aplaudían lo responsable y entregada que era la bruja, ella cuidaba bien de los niños y niñas.
Ella los hacia cantar y bailar, aun a los más pequeños que no hablaban ni caminaban.
Sus manos huesudas y arrugadas jugaban y del aire hacia apareces flores y juguetes; sus manos acariciaban, hacían cosquillas, desabotonaban camisas y deslizaban vestidos.
Y en aquellos días donde los cuerpos eran libres de vestiduras los niños corrían y jugaban divertidos junto con la bruja. Ella recorría sus tiernos cuerpos con sus manos y lengua. Les enseñaba a tocarse y a tocarla. Les mostraba como jugar entre ellos y con ella, y a crear besos ricos y húmedos.
A veces la bruja también se liberaba de sus ropas y jugaba con los pequeños. Entonces su marchito y arrugado cuerpo quedaba oscuro en comparación con el fresco y brillante cuerpo de los niños. Eran días donde la bruja hacia cosas especiales, en los cuales su magia bailaba como colores de purpurina, los cuales hacían reír y estornudar a los nenes.
Y entonces la bruja agrandaba ciertas partes de los nenes y de las nenas, para que sus juegos sean más divertidos; ella les enseñaba a usarlas entre ellos y con ella.
Los pequeños reían, las pequeñas jugaban y bailaban. Acariciaban sin preguntas, besaban sin dudar, con el rostro lleno de una extraña sensación de poder.

Y cuando la hora de la tarde llegaba a su fin, la bruja los vestía y todas las partes de niños y niñas volvían a su estado original.  Con un soplo tierno en la frente olvidaban toda la tarde, para que nada de lo ocurrido deje huellas, para que sigan siendo curiosos y la luz de sus ojos no se apague. Para que puedan ver a sus padres venir asomados por la ventana.

domingo, 25 de junio de 2017

Luces

Yaces dormida, totalmente ajena a lo que voy a hacer.

El cuarto está oscuro salvo por el brillo de la luna que, gracias a mis acostumbrados ojos, me permite ver bien.
Las sabanas te cubren hasta la cintura, el resto de tu espalda se descubre desnuda ante mis ojos. Disfruto de la imagen, el hermoso y tenue resplandor que la luna logra en tu piel.
 
Me muerdo de manera involuntaria el labio inferior y entregándome a la tentación llevo mi mano hacia el borde  de la sabana, aquella exquisita frontera donde inicia tu espalda, y privilegiando al dedo índice lo apoyo suavemente en el delicado surco de tu espalda.
Comienzo a subir viviendo la tibieza de tu piel, su textura. Te contempló extasiado y el tiempo se detiene mientras la sombra de mi mano te recorre la espalda.
Llego a tu pelo que de forma aleatoria se desparrama ondulado por tus hombros y luego de un último roce separo mi mano.
Para lo que sigue tengo que ponerme más arriba, así que lentamente me acomodo de modo que tu cabeza este más abajo.
Desde este ángulo contemplo tu rostro y todos los conceptos de belleza quedan pobres ante las líneas de tu rostro. El pelo cae en mechones ondulantes por tu frente, como brazos de un río negro.
Veo y grabo en mi memoria cada detalle de tu rostro, tu nariz con el tabique pequeño y recto con su punta levemente hacia la derecha, tus ojos, ahora cerrados, custodiados por unas soberbias pestañas y tu boca entreabierta por donde percibo tu lento respirar propio de cuando estás profundamente dormida. Absorbo cada detalle en una silenciosa adoración.
Acerco mi mano hacia tu cabeza y con el mismo dedo que recorrí tu espalda te toco en la coronilla.
De inmediato surge un pequeño destello de luz que no tarda en crecer. Pronto el cuarto se ilumina y tengo que entrecerrar las ojos para continuar.
Realizo el mismo procedimiento con mi cabeza y otro haz  de luz se proyecta hacia el techo.
Ahora la pieza se encuentra totalmente iluminada por un brillo que vibra de manera imperceptible.
Acercó mi mano izquierda hacia tu cabeza y tomó un poco de aquel resplandor. Se siente como un hormigueo tibio en mi palma. Estoy tentado de ver tu rostro pero sé que aquello no sería agradable en este momento.
Dirijo mi mano derecha hacia mi coronilla y proyectando unas sombras en el techo extraigo un poco de mi propia luz. Aquello me llena de una tristeza profunda, como algo valioso que se perdiera para jamás verlo y que gran parte de mi felicidad se va con eso. Aprieto los dientes y siento que la angustia me hace llorar, por momentos mi visión no es más que nubarrones amarillentos.
Logro recuperarme y llevo tu luz hacia mi cabeza y la mía a la tuya. Y en un solo y rápido movimiento giro las manos volcando su contenido y tapando las coronillas.
La habitación esta nuevamente a oscuras y de inmediato percibo que aquello funcionó.
Un calor diferente me recorre y lo que antes parecía posible hoy es real. La sonrisa me es inevitable. 
Vuelvo a contemplarte y la luz de la luna recorta tus facciones de una manera sutil y hermosa, siento que puedo contemplarte toda mi vida. Experimento una plenitud nueva y buena. Quizás también paz… ya no tendremos un futuro solitario, ahora estamos enamorados, condenados al otro.

martes, 20 de junio de 2017

Despierto

Los invoco, porque si yo los puedo escuchar ustedes también a mí. 
Y ¡vaya si los escucho¡ son suspiros y risas lejanas, como susurros graves que se confunden con el ambiente.
Por momentos me aterran y me dejan indefenso pero por otros sólo me dejan triste y sólo.
Les digo “!Basta¡ ya no me molesten, no quiero saber de ustedes. Paso de sus alientos acres, de sus sombras deformes en los rincones. Ustedes no me tocan, no pueden... No”
Si lloro no es de miedo... es de impotencia, quiero dormir, descansar sin verlos, sin sentir sus lenguas y sus barrigas frías y húmedas. Ya no sé qué es peor, si los sueños que me despiertan lleno de horror o la realidad temerosa de cada detalle.

Algunas noches me despierto paralizado sintiendo sus helados pies en mi pecho, sus dientes hacen ruidos al apretarse y, por momentos, logro ver algo negro y borroso que se inclina hacia mí. En esos momentos, el frio me cubre y siento que nada más en el mundo me podrá hacer feliz jamás, mis días de sol terminaron y nunca nadie va a poder amarme. Me siento sucio, parte de ellos, y hasta con deseos de hacer daño, de matar y morder, desgarrar piel tierna y experimentar la sangre en mi boca. Escucho gritos desgarradores para despertar y darme cuenta de que son mis alaridos. En esas noches la mañana me encuentra temblando en un rincón del cuarto aun con sus marcas en mi pecho.
Y me cuesta diferenciar lo real de lo que no existe, al menos en este plano. 
Los escucho, en este momento los siento reírse de mis pensamientos, saben que jamás ganaré y que cuando muera nadie sabrá por qué.

domingo, 28 de mayo de 2017

Desde mi ventana

Hoy volví a ponerte jazmines  en la puerta de tu casa, como todos los veranos desde hace 12 años.
Soy una persona extraña, lo sé, totalmente insegura y con miedo terrible al rechazo. Por eso, prefiero vivir con la esperanza eterna que es más rica que la posible aceptación contra el muy probable rechazo.
Tu negativa destrozaría mi vida, le sacaría el motivo de ser. Vivo por vos, así, desde lejos, en las sombras, sin molestarte.
Y es que quiero que seas feliz, necesito saberte feliz, desde lejos, pero el poder hacerlo me da fuerzas cada día.
No es necesario que sepas de mí, con que vivas en mis pensamientos y fantasías me basta. Me conformo con eso, con verte sonreír, con escucharte cantar mientras te duchas, con verte hacer los mandados y comprar lo mismo que vos, para tratar de sentir igual.
Sabrás que no me gusta verte llorar, odio profundamente que te lastimen. Y con esto no quiero decir que no seas libre de elegir aquel hombre afortunado que sea tu compañero. Sólo que me encargaré de sacar a los que no sean para vos, aquellos que sólo se acerquen por tu hermoso cuerpo y no por tu forma de atarte el pelo cuando te sentás en tu sillón rojo a leer cuentos de Cortázar o Hemingway. Ellos no merecen tu energía (no digo que yo sí), sos demasiado Olimpo para tan pocos dioses.
Te veo, siempre. Cuando te enojas, cuando sos feliz, cuando amás y odiás. En tus momentos más tuyos cuando te abrís y sos pura esencia. Ahí te veo y te vivo. Absorbo cada mota de tu ser y construyo mi adoración hacia tí.
Sos mi dogma, mi filosofía, no existe día en el que no te piense, y no te hable.
Y en esas noches cuando extrañas aquel muchacho que desapareció después de maltratarte, mientras llorás por ojos que no titilan ni se dilatan ante vos. Acá yo te cuido y velo por ti. Limpiando la tierra y cortándote jazmines, como cada verano.

viernes, 23 de septiembre de 2016

El fogon

Entiendo que las vivencias pueden ser muy fuertes para algunos. Que se marcan dentro y suelen ser tan crudas que es difícil de contarlas o siquiera de entenderlas. Pero alguien tiene que mantenerlas con vida. Para que no sean devoradas por el olvido y perezcan en las mentes de los débiles que no las soportaron escondiéndolas en los rincones oscuros de su conciencia.
Entiendo, pero eh decidido enfrentarlo.
Lo que sucedió en el fogón 31 de diciembre del año 2015 quizás lo recuerden algunos como un accidente lejano del que se habló poco o nada. Hecho que involucro a ciertos jóvenes (claramente drogados) que debido a su irresponsabilidad terminaron mal.
De aquel hecho no hubo repercusión, como si aquello fuese tan macabro que la prensa, en un acto de humanidad, hubiese preferido dejar a las familias en paz con su duelo. Hay hechos que por su magnitud quedan callados, para no agrandarlos y que la herida no se habrá más.
Los sobrevivientes lloramos y callamos. Todo fue parte de aquella tragedia, incluso la reacción de los familiares que simplemente aceptaron algo que carecía de explicación lógica
Lo cierto es que ese momento la confusión reino en un lapso de locura. Donde nadie entendía realmente lo que estaba sucediendo y si aquellas personas muriendo eran reales o formaban parte de una extraña magia.
El mítico fogón de fin de año era ya clásico en la ciudad, consistía en una gran hoguera en la playa donde, en un principio, se reunían un grupo de amigos pero con los años se convirtió en masivo.
El evento reunía cientos de jóvenes que después de las 12, y del infaltable brindis familiar, se congregaban en esa playa para tomar y “joder” hasta el amanecer.
Aclaro que no quiero negar que en dicho evento no allá habido drogas, pero lo que sucedió no tiene nada que ver con aquellas, como lo entenderán cuando terminen de leer.
Yo iba por primera vez, con mi hermano mayor y unos amigos de él.
A la playa se accedía bajando por una escalera que se encontraba pegada a un murallón, a unos veinte metro aproximadamente. Así que desde el primer momento tuve la imagen de la magnitud de aquello.
El fogón en cuestión se encontraba cerca del inicio de la escollera y era realmente enorme. Unos tres metros de diámetro por otros dos de altura, aunque las llamas variaban. Tengan en cuenta que esta estimación es de un recuerdo de hace años. Quizás exagere en el tamaño o me quede chico.
Habremos llegado a la una de la madrigada aproximadamente y ya había más de un centenar de personas, las cuales se encontraban paradas o sentadas en rondas, todos desparramados en la arena formando un círculo (no muy exacto) alrededor del fogón.
Con mi hermano nos acercamos hasta lo más que pudimos hasta que llegue frente a la gran hoguera. El calor me baño la cara, recuerdo que me ardieron los ojos. Era el fuego más grande que había visto y lo viví como algo supremo. La sensación de seguridad tibia me abrazo y por ese instante estuve solo con aquella energía. El murmullo había callado, nada de  lo que a mí alrededor pasaba me llegaba. Estaba absorto ante aquel baile de las llamas.
Mi hermano me saco de ese trance y me condujo un poco más atrás, tenía el rostro mojado debido a que mis ojos habían llorado.
Recuerdo que me dijo con respecto a eso y a que nuestra madre lo mataría si a mí me pasaba algo.
Pero algo había en ese fuego que me atraía, hoy lo veo como algo rebelde de adolescente, vivencia nueva y quizás simple intriga por  lo desconocido.
Tras el fogón se encontraba la escollera que se elevaba unos 2 metros y se internaba unos 40 en el mar. La recorrí con la vista y pude contar unos 12 puntos luminosos. Personas solitarias fumando y contemplando la inmensidad del oscuro mar. El cual se veía atravesado por el reflejo de la luna, no recuerdo en qué fase se encontraba, pero era lo suficientemente grande para iluminar.
Le dije algo a mi hermano, me levante y directamente camine hacia la escollera bordeando el fogón. Movido por algo extraño, quizás simple curiosidad. La verdad es que desde allí pensé que se podía ver mejor, y así era.
La imagen me resulto enorme, algo que siempre va a quedar en mi memoria como hermoso.
La playa se perdía en la oscuridad del murallón, desde donde cada vez aparecían más y más personas salidas de un escuro lugar, como sombras que por esa noche quieren unirse, junto al fuego.
Aquel fuego iluminaba a las primeras filas, sus rostro titilaban amarillentamente. Podía ver a mi hermano y a su grupo.
Junto al fogón, del otro lado, un grupo hacia música con unas guitarras y unos bongos mientras dos mujeres bailaban bajo un aparente ritmo propio. Aquella imagen me llevo a lejanos rituales paganos, cuando se sacrificaban seres vivos y se hacían juramentos de sangre. Donde la fe lo era todo y se vivía con la carne. Aquellas mujeres parecían en un trance místico, producto de la misma música y el calor del fuego tan cercano.
Fue desde esa posición que vi a la mujer de vestido blanco entrar en escena.
Supongo que no fui el único en percatarse de su presencia. Aquella mujer desentonaba entre la multitud, tanto por su vestimenta como por el hecho de que estaba sola. Pero de inmediato los presentes volvieron a sus asuntos, mas yo seguí observándola. Había algo en ella que me atraía, algo oscuro que se sentía frio; aquello me llenaba de una tristeza helada y que por un momento me dio ganas de llorar. Recuerdo que aquel breve sentimiento fue el de extrañar a alguien con toda el alma, un ser que hace mucho que no está y que necesitamos con urgencia.
Con respecto a esta mujer se dijo muy poco, apenas si se la nombro en algunos artículos del caso como la primera víctima, pero nada más que eso. Creo ser el único que vio el inicio de todo aquello, y espero que sea así, pues no le deseo a nadie ser testigo de aquello.
La joven se dejó caer de rodillas a metros del fogón y comenzó a decir cosas que no pude escuchar. De forma pasionaria cerraba los ojos y con sus manos realizaba movimientos que trazaban extrañas figuras al aire…
Parece tan cercano aquello, como si aún estuviese sentado en aquella fría piedra observando aquella mujer de vestido blanco y pelo castaño. Creo que aquella sensación jamás me dejara, este dormido o en vigilia.
Fue cuando la mujer se levantó cuando supe que algo tremendo vendría. Recuerdo que mi corazón se aceleró y comencé a temblar. En un rincón desconocido de mi mente lo sabía, percibía aquel final y crudamente lo deseaba.
Sentía que mis ojos ardían y por un momento los cerré, un conjunto de lágrimas se me acumularon en los parpados. Sabía lo que vería al abrirlos, conocía el destino de aquella playa. Experimente un escalofrió helado justo antes de que la mujer se arrojase al fuego.
Las llamas la envolvieron, como si aquello lo devorase. Y en ese preciso momento el fuego creció y cambio sensiblemente de color. No podría describirlo exactamente, nunca vi ni volví a ver un color así. Era algo que, más que ver, se sentía…
El fuego latía y llamaba. Mi total atención se centró en aquella fuerza, como si no existiese nada a parte de aquello, y es que realmente así lo viví. La playa, las personas y todo lo que me rodeaba en esa noche desaparición. El fogón se había convertido en el centro de todo.
Percibí un exquisito calor que me acariciaba y murmuraba palabras en un tono dulce que arrullaba. El mundo se me antojo absurdo y sin sentido. La verdad estaba dentro de aquel centro luminoso, ahí encontraría la respuesta a preguntas que aún no existían en mí. Sentí envidia por aquella mujer que ya era parte de aquella experiencia astral. Y entonces vi que alguien más penetraba en el fuego y desaparecía en el. Entonces mi visión se amplió y volví a la playa pero sin apartarme del fuego que seguía siendo mi centro.
Volví a notar a las personas y percibí gritos y mucho movimiento. Vi por el rabillo del ojo que varias personas, sin embargo, se habían quedado quietas. No podía enfocar la vista en ninguna, aquel fuego lo acaparaba todo, pero veía siluetas que una a una se unía dentro de aquella enorme luz.
Algo a mi izquierda me atrajo la atención y por un breve instante aparte la vista de aquello, y entre nieblas pude distinguir a mi hermano que como yo se encontraba inmóvil absorto con el fuego. Lo llame, no con la voz, sino con mi ser.
En esta parte de la historia creo que desperté brevemente de aquel trance inicial. Me sentí atontado, perdido. Algo no estaba bien en todo aquello y fue entonces que mi hermano giro la cabeza y me miro. Su rostro se encontraba transformado, como si alguien o algo utilizaran una máscara de él, una muy mal hecha pero que permitía ver que se trataba de él. Sus ojos parecían eternos, hundidos y titilaban junto al fuego. Tenía los pómulos levantados en una extraña sonrisa que mostraba todos sus dientes, parecía que algo le sujetaba las comisuras de la boca y, de una manera horrenda, la estiraba hasta el borde del desgarro.
Es la última imagen que tengo de mi hermano vivo, mientras su rostro seguía en dirección a mi camino hacia el fuego y simplemente se dejó caer entre las otras personas que se consumían.
Experimente la soledad más cruda que alguna vez viví, como si jamás volviéramos a escuchar esa melodía de la infancia, ver como un lugar amado desaparece para no verlo jamás. En ese momento sentí que había perdido a mi hermano para siempre y así era.
A lo lejos había gritos, pero aun hoy dudo de aquello. Será que tantas veces lo soñé, estuve en ese fogón tantas veces diferentes que ya no distingo lo que ocurrió de lo que yo creo que debió haber pasado.
Pero el fuego siguió ahí, y de algún modo me encontraba parado sobre la piedra de aquella escollera, siendo atraído nuevamente por aquel poder, aquel dios del fuego primitivo. Y pude entender, por fin, a las personas que bailaban con la música junto al fuego aquello formaba parte de los más íntimo, original y mágico de nuestro ser. Y me volví a perder en aquel calor.
Por un instante volví a ver el rostro desfigurado de mi hermano. Me miraba sin ver, inmóvil. Su piel vibraba a causa del fuego. Todo su ser físico brillaba junto con su alma que se unía a las demás, formando las llamas de ese gran fogón.
Comprendí que ese era mi destino final, volver al fuego, a la fuente. Y comencé a bajar.
Mi cuerpo me resultaba extraño, algo molesto de lo que pronto me desharía, era tosco y se movía lento, mi mirada seguí fija en aquel tibio resplandor. Me dejaba flotar, hacia el…
Y de repente algo paso y el suelo desapareció. Mi visión se torció y todo mi mundo giro.
Me encontré tendido en la arena mirando como con cada lengua de fuego un ser brillante se fundía en cielo. No sentí el golpe de la caída, lo sentí después… pero en ese momento estaba lejos de mi cuerpo.
La arena húmeda me acariciaba la parte izquierda del rostro y al sentir que perdía mi fuego mis lágrimas se unieron al mar. Volvía de aquel lejano sueño, y el fuego comenzó a achicarse.
Una ola termino de sacarme de aquel sueño profundo. Supongo que cada religión tendrá su explicación, yo simplemente relato como lo sentí yo.
Fui el último en alejarse de aquella Gólgota de fin de año, donde solo quedaría un montón de cenizas que el mar y el viento consumirían. Aun hoy no sé si mi tristeza se debía a haber perdido a mi hermano o porque no pude unirme a él.



sábado, 27 de agosto de 2016

Mientras dormia

Voy a trata de ser lo más sincero posible y exponer todo como lo recuerde, calculo que al escribir me irán viniendo más detalles de los que ahora recuerdo.
También quiero aclara que esto lo viví después de la operación, estando dormido por varios días (creo que fueron 8) y en un estado muy crítico.
Voy a empezar diciendo que por más dormido que parecía, había lapsos donde podía escuchar, sentir y hasta ver lo que ocurría a mí alrededor.
Escuchaba a los enfermeros hablar, recuerdo en especial una conversación de mi madre con la cardióloga.
Yo no sufría, en ese momento no sentía nada prácticamente, simplemente estaba acostado boca arriba y las escuchaba.

En uno de los tanto lapsos donde era consiente, sentí como me acomodaban, no sentía mi cuerpo, más que de una manera lejana, pero notaba que había movimiento a mi alrededor y un murmullo. En ese momento sentí frio y obviamente me encontraba sin poder moverme. Con mucho esfuerzo logre mover una mano y tengo presente que al hacerlo una enfermera la tomo y la apretó.
Aquello me parecía no terminar más, sabía que estaba grave, y una parte de mi quería que terminase.
Finalmente sentí que me daban vuelta y que me acomodaban la cabeza mirando hacia la izquierda. Mi cuello sonó y todo fue negro, sabía que por fin iba a dormir.

Escuche a mi novia y a mi hermana despedirse de mí, diciéndome que siguiera adelante si es lo que quería, que no me quedara por ellas, que aunque eso las destrozaría no querían obligarme a sufrir con tal de estar vivo. Pude sentir la mano de mi novia y la música que me ponían, aun la recuerdo. Luego fue la nada, un blanco lo cubría todo y entonces supe que había muerto, que estaba en la transición. En ningún momento tuve miedo.

Y entonces me pregunte si acaso no me venía a buscar nadie como siempre se decía que ocurría en estos casos, yo siempre tuve la esperanza que al morir me venga a buscar mi padre, pero nadie apareció. Insistí en eso y una voz masculina me respondió que no, que “así no funciona”. Siempre escuche a esa voz a  mi derecha, más precisamente en la parte superior.
Le pregunte si no podía tener un cielo como el de la película Mas allá de los sueños, pero me respondió que tampoco “ese es el cielo del autor, tú tienes que tener tu propio cielo”.
La voz comenzó a explicarme sobre las almas y la conexión que existe entre todas así como los vínculos que, vida tras vida, se generan. Aquello me fascino y quise saber más.
Vi entonces una imagen donde las almas se representaban en puntos los cuales poseían capas donde, según la voz, se guardaba información de las vidas. También vi que las capas se conectaban con las de otras almas armando una red inmensa. Lo pude ver como si se tratase de algo pequeño y simple.

Luego de eso todo cambio  y comencé a ver imágenes de una iglesia que nunca había visto, recuerdo que había mucha gente y que todas rezaban por una madre y sus seis hijos. Tuve visiones de esos hijos en incubadoras, y vi a una madre cansada. Se trataba de una familia de centro América que había tenido sextillizos y que cuatro estaban grabes. Simplemente lo supe, aquella información apareció en mi mente.
Sentí entonces que tenía que ayudar a esos cuatro, tenía que poner mi energía en que aquellos niños no murieran.  Tenía muy presente una iglesia donde la gente rezaba mucho, escuchaba sus cantos y sus murmullos. Había en esa iglesia un ser negro que quería que los cuatro bebe mueran. Yo tenía que luchar con esa persona, hacer  que mi energía fuese mayor y salvar a los bebes.
Aquella persona negra hablaba mucho a la gente de la iglesia.
Vi a la abuela de los bebes y fuego, el fuego era malo.
La vos me indicaba que tenía que pedir por ellos, rezar. Tenía que llenar de luz a esos bebes para que se salvaran. Pero yo no podía, me agotaba. Invocaba a mi virgen para que me ayude pero aquella energía oscura me superaba.
Finalmente pensé que lo había logrado y aquella sensación me alegro, pero no era real. La voz me explicó que los bebes habían fallecido, pero que no baje ni energía poniéndome triste. Que aquello pasa y que iba a tener muchas otras posibilidades.
Entonces pase a un mar, era de noche. Las aguas estaban muy agitadas. Y había una embarcación hundiéndose. Se encontraba de costado y yo tenía que entrar y conducir a las personas a la puerta de salida. Recuerdo que entraba a la embarcación (quizás allá sido un submarino) por la parte superior de la puerta y me conducía siempre cerca del techo. Las personas que tenía que salvar estaban de color azul, mientras que las de color rojo las tenía que dejar. Tenía que ayudar a los rescatistas a encontrar heridos y ayudarlas a llegar la salida. En todo momento la voz me apoyaba y me indicaba.
Afuera había un bote esperando a los que salían y pude salvar a varios. Esto también me cansaba mucho, me tenía que esforzar y concentrarme, para orientarme y así poder llegar a las personas y que los rescatistas las encuentren.
Me escuche decir “estoy cansado” a lo que la voz no respondió y la escena cambio.
Ahora me encontraba en un campo de guerra. Nuevamente miraba todo desde arriba, ahora mi trabajo consistía en correr las balas y a los soldados para salvarlos. Algo me indicaba que hacer y cuando. De esto tengo pocos recuerdos, aquello fue lo último.
En un momento quise terminar con aquello, el cansancio era mayor y me quise ir.
“Quiero volver” dije a la voz.
“¿En serio?” En ese momento había dejado el campo de guerra para volver a lo blanco, volvía a estar en la nada.
“Si” respondí. Quería volver a mi vida, aunque una parte de mi sabía que eso ya no era posible. “Bueno…” fue la respuesta de la voz.

Fui consciente de que estaba muerto y que en ese estado podía crear. Y quise ver el mar y una ballena, algo que en vida no había podido hacer. Al instante aparecí bajo agua, mirando a la superficie. Pude ver así a una ballena enorme que muy tranquilamente se desplazaba de derecha a izquierda. La vi desde abajo. Recuerdo el sol que hacia brillar el ondulante océano y a la figura negra que era la ballena se recortaba en el brillo. Aquello me regocijo, ya no sentía frio ni cansancio, sentía paz.

Entonces todo volvió a cambiar y aparecí en un departamento. Nuevamente observaba todo desde el techo. Las paredes están de blanco. Veía una mesa en el centro y una pequeña cómoda en una pared junto a la puerta que daba a la pieza. Detrás mío había una ventana y en frente a esta la puerta de entrada de donde vi entrar a un hombre asiático. La vi dejando unas cosas en la mesa y hurgando en la cómoda. Me ignoro por completo, como si no me hubiera visto. Después simplemente me deslice por la ventana y me eleve, recuerdo muy claro las calles empedradas.
La próxima visión fue más oscura, en un recinto con paredes revestidas de madera. Había cerca de media docena de hombres vestidos con trajes antiguos y usaban la barba muy larga. Todos se agrupaban en una pared mientras que frente a ellos, y a mi derecha, había una cámara fotográfica muy antigua, jamás había visto algo así. Se trataba de un artefacto cuadrado, también de madera y que descansaba sobre un trípode negro.
Al instante pase a un lugar similar pero con personas diferentes. En esta ocasión era un velatorio. Aquello lo supe de solo estar ahí. Recuerdo lámparas verdes y velas. El lugar está muy oscuro. La gente murmuraba cosas que no alcanzaba a oír. Hasta que llegaba un hombre que recuerdo muy oscuro y comenzaba a dispararles a todos los presentes. Comenzaron los gritos y corridas, las sillas y mesas de madera comenzaron a volar, a la vez que se escuchaban más disparos. Sentí angustia, no me gustaba estar ahí, y me fui.
A continuación pase a un lugar más tenebroso y asqueroso. Se trataba de un cuarto en el medio de un bosque, construido de chapas y de no más de dos metros cuadrados, no poseía ventanas y apenas una puerta, también de chapa, y permanecía cerrada. Dentro de aquel lugar había cientos de ratas y serpientes, el suelo parecía estar podrido y lleno de insectos. Podía verlos moviéndose creando un efecto grotesco en el suelo. Trataba de estar lo más alejado posible del suelo. Pero lo que me resultaba más horrible, y aun hoy lo recuerdo, era el sonido, el asqueroso ruido que hacían todas esas criaturas juntas sobre la podredumbre, agudo, suave y crujiente, como un susurro pastoso y húmedo.
Recuerdo haber regresado a ese galpón asqueroso en varias ocasiones, claramente a eso no lo podía dominar mucho. Cada vez que regresaba tenia la sensación de soledad muy profunda. Un sentimiento extraño y muy feo.

Estuve en un bosque de un verde único (muy distinto del anterior). Daba la sensación de una pureza única. Supe que aquello era naturaleza virgen, sin ninguna injerencia del hombre. Sentía que aquello no era pasado sino futuro. Praderas, suaves lomas verdes con un cielo celeste y limpio. Sentí mucha paz en ese sitio. Podía ver como aquello crecía ante mí.
Pero todo volvió a cambiar y ahora me encontraba en un lugar muy extraño. Yo era como una especie de espera que giraba junto con otras miles en una canaleta que daba la vuelta a un gran recinto. Recuerdo bien la esfera que estaba frente a mí girar y girar, avanzando. A mi izquierda había un foso enorme pero podía ver en la pared de enfrente otras esperas que giraban y avanzaban como yo.

En este punto volví a tener conciencia de mí, y supe que estaba volviendo. Aquello estaba por terminar. Pensé en como volvería ¿acaso reencarnaría?, ¿Renacería siendo nuevamente Emanuel?  En ningún momento se me ocurrió la posibilidad de despertar como yo, vivo y recién operado. Aquello ya había terminado.
Por ultimo experimente la sensación más rara y compleja que viví. Sería imposible poder transmitir con palabras lo que fue, pero tratare.
Observaba un cuerpo geométrico con colores que cambiaban continuamente, aquellos colores fueron tornándose grises para terminar siendo blancos y negros. Se ondulaban y movían de manera vertiginosa. Era asombroso, estaba fascinado presenciando aquel espectáculo.
Pronto aquello se extendió y volví a sentir mi cuerpo. Lo tome como algo viejo y amado, un recuerdo antiguo. Cada parte de mi vibraba al compás de aquellos destellos blancos y negros. Hasta que entendí que esos destellos eran mi cuerpo. Intentaba dominar la vibración pero no podía. Aquello me parecía eterno, hasta que el tiempo dejo de tener importancia. Comprendí que había tratado todo el tiempo de controlar, y me entregue, dejando de luchar.

La vibración aumento y desperté en la cama del hospital. Fue al ver a mi madre cuando comprendí que había vuelto realmente, que estaba vivo.